Zoe Hochbaum interpretará a Ana Frank

Por Giuliana Luffi

Zoe Hochbaum tiene 18 años y poco a poco ha comenzado a hacerse su lugar en el cine argentino. Participó en películas como Abzurdah, Las grietas de Jara, El faro de las orcas, entre otras. La actriz se subirá al escenario por primera vez nada menos que con El diario de Ana Frank, en 2018. Será en la Casa de Ana Frank Argentina, dirigida por Nicolás Gil Lavedra y coacheada por Laura Novoa.

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Zoe Hochbaum en los ensayos de El diario de Ana Frank.

–¿Cómo es tu personaje? ¿Este papel esta relacionado con tu vida personal?

–Mi personaje es la conocida por todos nosotros Ana Frank. A mi parecer, la chica más esperanzada que existió. Ana es una niña de 13 años, próxima a convertirse en mujer, que que debe permanecer encerrada por dos años y medio en un anexo a una casa, junto con siete personas más, para resguardarse de la persecución nazi. Lo que me resulta más interesante de todo esto es cómo ella, a pesar de la desgracia por la que está pasando, expone en el diario otros problemas, otras angustias; las propias. Nunca deja de crecer, por lo que nunca deja de sufrir por esos motivos que nosotros (en comparación con el sufrimiento de las guerras y las masacres) vemos cómo banales, pero que para ella son las cuestiones esenciales. Los conflictos entre las personas del anexo, sobre todo con su madre. Me conmueve la manera que tiene Ana de ver el mundo, la mirada sobre las personas. En todo este tiempo que estuve conectando tanto con ella y con su entorno, encontré y descubrí cosas que cuando leí por primera vez El diario de Ana Frank, en la secundaria, no había visto. Empecé a encontrarle características, le encontré una personalidad. Eso me emocionó mucho. Ya no era lo que me decían de ella, sino lo que yo había visto en ella, lo que ella misma me contaba de ella. Ana se convirtió en un símbolo. A veces cuando hablo de ella siento que hablo de una sobreviviente, más allá de su triste final. Si uno quiere saber qué significa la esperanza, tiene que leer ese libro. Ella es un motor para muchísima gente, y para mí ni hablar. Además, Ana es un mensaje metafórico para los jóvenes de hoy. Nos habla de una joven que sufrió discriminación que tuvo gente que la protegió. Esas personas son casi las más importantes de la historia, son la que eligieron no ser cómplices a pesar de todo lo que eso implicaba, son los que arriesgaron sus vidas con tal de que otros pudieran cenar, tener una manta o libros para leer y para seguir estudiando. Estoy muy involucrada emocionalmente con Ana por mi historia familiar. Mi abuelo es polaco, se escapó de la guerra y casualmente nació en el mismo año que Ana Frank: 1929. Ana, hoy, podría ser mi abuela. Para mi abuelo fue muy fuerte enterarse de esta noticia, hermosa, pero sé qué es difícil para él hablar y recordar estos temas. Mi mayor deseo es que él pueda ver la obra, está muy viejito. Si tuviera que pensar a quién se la dedicaría, sería a él.

«Me siento muy identificada con Ana. Desde su adultez y maduración en un cuerpo tan pequeño, sus sensaciones más íntimas, hasta su fanatismo por la mitología griega y romana»

–¿Cómo es tu preparación con este personaje?

–Este proyecto es hermoso, pero emocionalmente hablando, muy intenso. No quería esperar a que estuviera el guión para empezar a prepararme. Ahora estoy haciendo coaching con Laura Novoa, nos conocimos trabajando juntas en Las Grietas de Jara, la película del mismo director que va a dirigir Ana Frank, Nicolás Gil Lavedra, y desde ese entonces pegamos muy buena onda. Le hablé de este proyecto y le encantó. La preparación que estamos haciendo es muy hermosa y profunda. Todavía es muy personal. A la par trabajo con un grupo de contención, por llamarlo de alguna manera: mi psicoanalista, el equipo de la casa de Ana Frank y el de la obra. Desde ya, también cuento con el apoyo de mi familia, y de mi abuelo que está siempre atento por si tengo alguna pregunta nueva de su pasado (risas).

–¿Pensás que esta obra te dará un empujón para tu carrera que está comenzando?

–Es lo primero que voy a hacer en teatro de manera profesional. Estoy muy contenta y muy nerviosa, pero nerviosa lindo, como con mariposas en la panza. No es un proyecto ambicioso , va a ser de entrada libre y gratuita, pero sí es enorme en la transmisión y lo emocional, creo que ahí está el avance en mi carrera, en lo que voy a transmitir con este trabajo.

–¿Es más interesante para un actor participar en obras que tiene que ver con uno o es más atractivo interpretar personas que representen temas de la actualidad?

–Creo que eso es muy personal… todo tiene que ver con el personaje que se te presente, y con cómo se te presenta. Todavía no tengo preferencias, ni vicios, estoy en una búsqueda de qué quiero y de qué me gusta más y qué me gusta menos. Ana llegó en un momento de mi vida en el que estoy muy bien, feliz y contenta, creo que eso influye en cuanto a la carga emotiva que tiene su historia. Yo me siento fuerte para contar su historia, la quiero cuidar, la quiero respetar. Todos los días le prendo una velita pidiéndole permiso para entrar a su mundo y le digo gracias por dejarme, ese es uno de los ejercicios que hacemos con Laura, conectar desde ahí.

–¿El guión está basado en El diario de Ana Frank?

–Está estrictamente basado en el libro. Es importante cuidar la veracidad de Ana, por respeto a ella, a su familia y a su diario. Desde ya que hay una selección , a criterio y elección del equipo de la obra y La Casa de Ana Frank.

–¿Son iguales tus preparaciones tanto en el cine como en el teatro? ¿Qué preferís?

–Al ser mi primera experiencia en teatro, aún no lo tengo decidido por completo, pero de lo que vine haciendo hasta ahora, puedo afirmar que son métodos de preparación completamente diferentes. Desde lo corporal, hasta lo emocional, pasando por lo vocal. Estoy trabajando la voz más que nunca con mi profesora de canto Marcela Grois. En cine, si hablo bajito no es grave, tengo un micrófono que lo puede regular, en teatro es otra historia, todo pasa por mi resonancia interna. En el cine, lo corporal, las acciones suelen estar mucho más acotadas a un marco, a la cámara, y yo estoy acostumbrada a eso. Acá el espacio, en los escenarios, me parece inmenso. Prefiero las dos cosas (se ríe), me gusta disfrutar, actuar y pasarla bien. Amo el cine y no puedo compararlo con el teatro porque son experiencias distintas.

–¿Qué podes destacar de esta nueva experiencia?

–Todavía no lo pensé del todo. Es un proceso largo que recién arranca, aprendí millones de cosas. Creo que voy a crecer mucho, actoralmente, pero sobre todo como persona. Cómo parte de una nueva generación y nieta de un inmigrante de la segunda guerra, tengo la responsabilidad de transmitir esta historia.

Un clásico que perdura

La adaptación teatral de El diario de Ana Frank se puso en escena varias veces en Buenos Aires. La primera versión completa y original fue estrenada por última vez en 1957. En 2008 se presentó Dia D, inspirada en el Diario. En el mismo año, llegó al teatro, bajo la dirección de Helena Tritek y con la actuación Vanesa González, la versión de Federico González Del Pino. La obra estuvo en cartelera hasta finales del siguiente año. En 2015, Del Pino decidió hacer dos únicas funciones para conmemorar la muerte de Ana Frank y la protagonista fue María José Cacavelos. Dos años después, volvió a escena, y fue Ángela Torres la encargada de interpretar el papel protagónico, hasta agosto de este año.

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