Voces del FILBA: Helena Janeczek, cuando las raíces son fuertes

Por Camila Jarsun

Por las venas de Helena Janeczek corren tres culturas diferentes, polaca, alemana e italiana, sobre las que se balancea sin terminar de definir a cuál corresponde su verdadera identidad. A pesar de haber nacido en Alemania, al terminar la secundaria se mudó a Italia, ya que desde una corta edad vivió entre un país y el otro. La razón se remonta a la biografía de sus padres, a sus raíces y lo que significó para ellos el nazismo. Quizás las historias que la rodearon fueron el puntapié inicial para convertirse en la escritora que es hoy.

“Así fue como llegaron los lobos. Se habían multiplicado gracias a un error de subestimación, por considerarlos animales feroces pero primitivos, por confundirlos con pastores alemanes, animales domesticados, manejables a su conveniencia. No se habrían acercado a las casas si el país no hubiera padecido tanta hambre” escribe en su último libro Janeczek sobre los nazis. Sus padres, de origen judío y nacidos en Polonia, sobrevivieron al Holocausto, y aunque su madre fue prisionera en el campo de concentración de Auschwitz, logró escapar. En 1946 tuvieron que huir a Alemania junto a un grupo de refugiados, ya que, a pesar de que la Segunda Guerra Mundial había terminado, los episodios antisemitas continuaban de manera violenta. Tenían la esperanza de irse a otro país, pero las circunstancias los obligaron a quedarse allí. Luego, “no somos alemanes” se convertiría en el lema familiar.

La historia de vida de su madre fue lo que desató su primer libro Lecciones de la oscuridad (1997), una ficción a partir de datos autobiográficos, en la que, a través del estudio del régimen nazi, intenta encontrar la respuesta a la forma de ser y comportarse de sus padres. También cuenta una cruda situación que vivió junto a su madre en un viaje a Polonia, donde esta no podía para de llorar y gritar en una visita a los campos de exterminio. Además, la autora se cuestiona cuál es su lengua materna, el origen de sus desórdenes alimenticios, y la importancia que se le atribuye al pasaporte o al permiso de residencia. Lo que más le queda claro tras terminar el libro es que de sus padres heredó “el deseo de vivir”. 

Sin embargo, su primera publicación fue una colección de poemas en alemán, Ins Freie, en 1989, la única vez que publicó en ese idioma. Ya vivía en Italia por ese entonces, pero tuvo que volver debido a la muerte de su padre. En cuanto a sus influencias, Franz Kafka y Elias Canetti son los autores alemanes a los que siente más apego, mientras que sus poetas favoritos si son italianos Eugenio Montale y Dante. Por otro lado, Janeczek, que habla alemán, italiano, español, inglés, francés y polaco, ha trabajado en editoriales publicando a otros autores, ha escrito para varios diarios y ha colaborado en proyectos colectivos con otros autores, además de dirigir todos los años un festival literario. 

Su segundo libro también tiene relación con la Segunda Guerra Mundial, un evento que ha marcado hondo en su vida. Las golondrinas de Montecassino tiene lugar en 1944, durante los cuatro meses que duró la batalla en la que los aliados intentaron llegar a Roma junto con tropas hindúes, maoríes, nepalesas y polacas; mientras que en la Abadía de Montecassino se refugiaron monjes y civiles que dieron pelea desde tierra. La autora entrelaza la ficción y la no ficción, el presente y el pasado, para volver a traer a la vida historias de quienes afrontaron destinos adversos durante esos momentos, una manera de acercar al lector a vidas que pasaron o pasan desapercibidas.

Su tercera novela aporta una mirada feminista. La chica de la Leica se enfoca en Gerda Taro, la fotógrafa que, literalmente, puso el cuerpo en la Guerra Civil Española para conseguir imágenes de lo que ocurría en el campo de batalla, donde también perdió la vida. “Sus últimas palabras fueron para preguntar si sus rollos estaban intactos. Fotografiaba a ráfagas en medio del delirio, con la pequeña Leica sobre la cabeza, como si la protegiera de los bombardeos”, escribió Janeczek en su libro. Taro y André Friedmann, su compañero y pareja, fotografiaban bajo el seudónimo Robert Capa. La autora se interesó por la fotorreportera luego de asistir a una muestra suya y leer su biografía, escrita por la alemana Irme Schaber, quien se encargó de discernir a quien le correspondía cada foto firmada por esta dupla.

Pero Janeczek no se concentra en sus travesías durante las batallas, sino en la vida de Gerda Taro en París y su compromiso político, desde los testimonios de dos amores y su mejor amiga, para que el lector no se quede con una única mirada. De ella le fascinó sus varias facetas, el nunca terminar de descubrirla, su búsqueda por la libertad. 

La escritora italiana, que ha ganado numerosos premios, entre ellos el Premio Nápoles y el Premios Strega, fue una de las invitadas internacionales al Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA). Por más que Janeczek no quiera adelantar sobre que será su próximo proyecto, sea o no continuar reviviendo personajes sepultados por la historia, es claro su compromiso con la literatura. 

 

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