Un mes de cuarentena: la pandemia vista desde el arte

Por Nicole Giser

Pinturas icónicas, fotografías y obras contemporáneas representan, en múltiples sentidos, la experiencia de la pandemia. Los críticos e historiadores Ariel Authier, Mercedes Ezquiaga y Luciana Acuña, seleccionan y analizan cuatro obras que cobran nuevos significados en medio de la cuarentena:

Sin título en Alemania
Sin título de Félix González-Torres en Alemania
Sín título de Félix González-Torres
Sín título de Félix González-Torres

Como a casi todas sus obras, el cubano Félix González-Torres, le puso «Sin título» a su obra también conocida como “Es sólo una cuestión de tiempo”. El artista mostró esta pieza por primera vez en Gegendarstellung: Ethics/Aesthetics in Times of AIDS, exposición sobre el SIDA en Alemania en 1992. 

De fondo negro y tipografía blanca gótica. Fue exhibida también en España, los Estados Unidos y otros países, traducida al idioma de cada uno. “Era un cartel de calle. Simple, podía pasar desapercibido. Toda la obra de González-Torres es escultura, pila de papeles, pieza pequeña. Pero si uno se detiene a enfrentar estas piezas, están cargadas de cosas”, expresa Ariel Authier, director de la Galería de Arte Contemporáneo Nora Fisch, sobre la obra del cubano. “Él trabajaba la memoria, la pérdida, la disolución. Pero desde un costado optimista, con intenciones de transformación”, agrega. González-Torres murió en el ’96  a causa del SIDA. Fue militante en grupos de activistas contra las políticas gubernamentales de los Estados Unidos. Sus obras mezclan lo personal con lo político-social. Denuncian, pero no desde un costado panfletario, sino más bien sutil. 

En cada muestra dedicada a la influencia del artista, esta pieza tiene que estar, por contrato, en la vía pública de toda la ciudad. Así fue hace un mes y medio en España, cuando la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO-Madrid), incorporó la práctica artística de González-Torres como tema central. Justo en el momento que estalló todo. “Esta obra tiene esa pluralidad de sentidos, tal vez es ‘sólo una cuestión de tiempo’ que esto pase”, opina Authier. “La sutileza y delicadeza de su obra es donde radica su fuerza, su contemporaneidad. El tiempo es un tema fuertísimo en el arte”, destaca el curador. 

Lugar para una anunciación de José Manuel Ballester
Lugar para una anunciación de José Manuel Ballester
La anunciación de Fra Angélico
La anunciación de Fra Angélico

Otra de las obras que podría representar la cuarentena, es «Lugar para una anunciación», del pintor y fotógrafo español José Manuel Ballester. Fue parte de su serie Espacios ocultos, expuesta por primera vez en la Galería Distrito 4 de Madrid, en 2008. Se trata de una fotografía de La Anunciación, pintura del toscano Fra Angélico, intervenida por Ballester. 

La serie está compuesta de obras icónicas modificadas: los personajes no están y, en su lugar, aparecen los escenarios vacíos. “Es como si los personajes se hubiesen desvanecido. Quedan lugares deshabitados, como una perfecta metáfora de las calles y los espacios urbanos hoy, en tiempos de aislamiento obligatorio”, interpreta Mercedes Ezquiaga, autora del reciente Será del arte el futuro, entre otros libros. 

Hace más de una década, Ballester decidió tomar algunas de las piezas más cruciales de la historia del arte –La última cena de Da Vinci o El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli- y quitarles las figuras humanas. “El arte se ha convertido en uno de los más recomendados antídotos en tiempos de aislamiento forzoso. Es que casi siempre, a lo largo de la historia, los artistas han tenido la ventaja de absorber lo que ocurre a su alrededor, plasmarlo en sus creaciones y muchas veces, adelantarse a su tiempo”, añade Ezquiaga sobre el sentido que adquieren hoy las obras de Ballester. 

El artista inició esta serie el día en que murió un ser querido. Ese vacío, esa angustia, lo llevó hasta el Museo del Prado para mirar, una vez más, su obra favorita de Fra Angélico. Tomó una foto de la pieza, regresó a su casa y quitó a los protagonistas -el ángel Gabriel, la virgen María- con herramientas de su PC. Quiso enfatizar esa falta, y así extendió la dinámica al resto de las obras que conforman la serie. Pero vale la pena prestar atención a la parte más importante del conjunto: “Una vez quitados los personajes, Ballester tuvo que reconstruir aquellos espacios supuestamente escondidos detrás de ellos, imaginar los huecos faltantes, la ausencia que dejaron esas figuras”, finaliza Ezquiaga. 

El Asceta de Pablo Picasso
El Asceta de Pablo Picasso

El Asceta de Pablo Picasso (1903) pertenece al llamado Periodo Azul, etapa de 1901 a 1904 en la que en sus obras predominaba ese color, símbolo de frío, soledad y tristeza. El suicidio de su amigo Carlos Casagemas determinó la elección. “Fue pensar en la muerte de Casagemas lo que me hizo empezar a pintar en azul», expresó el español en una entrevista en 1966. 

Los personajes de esas pinturas aparecen aislados, en entornos imprecisos. El artista reflejó su dolor en cada pieza. “El color azul  representa ese mundo interior que nace de nuestras emociones. El retratado es un adulto mayor con su mirada detenida más allá. En esa figura se manifiesta la soledad, el hastío se hace evidente, ¿cuánto tiempo lleva de esta manera, que ya se hizo carne en la vivencia?”, pregunta Luciana Acuña, crítica de arte y docente en la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA), sobre El Asceta. “Si obviamos el nombre que Picasso le puso a la pintura y trasladamos este personaje a nuestra contemporaneidad, podríamos imaginar el drama de la cuarentena obligatoria en la vida de un adulto mayor”, agrega la crítica. 

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte de Georges Pierre Seurat
Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte de Georges Pierre Seurat

Con Georges Pierre Seurat, aparece la representación del deseo. El francés tardó más de dos años en pintar Tarde de domingo en la Isla de la Grande Jatte, diariamente y con esmero, hasta su finalización en 1884. En momento de aislamiento social preventivo y obligatorio, la pieza representa el anhelo de todo aquel que debe encerrarse en su casa. Aparece en ella, todo lo que no puede pasar ahora. Y fue Seurat precisamente, quien debió encerrarse en su estudio durante un largo período, para lograr el resultado de esta pintura. “Atrás quedaron como postales bucólicas y lejanas, los paseos por esos espacios exteriores. Lo que hace dos semanas era regular, hoy se ha vuelto excepcional. Nuestra será la conclusión de cómo transitemos este tiempo de apartamiento, para retornar a aquello que hemos perdido: la certeza de sentirnos libres”, cierra Acuña. 

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