The Queen’s Gambit: ajedrez y adicción

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Por Ornella Saitta

En la jerga del ajedrez, el “Gambito de Dama” es un tipo de apertura, y en Netflix, es el título de una nueva miniserie. Basada en el libro homónimo de Walter Tevis de 1983, The Queen’s Gambit sigue a una joven prodigio, Beth Harmon, que combate contra las adicciones y la atmósfera machista de la década del 60, mientras intenta convertirse en la mejor ajedrecista del mundo.

Allan Scott, el co-creador de la serie, adquirió los derechos de la novela hace casi treinta años, con una película en mente y Heath Ledger como su director. Años más tarde, Scott Frank se sumó al proyecto y decidió que una película no alcanzaría para contar toda la historia de Beth Harmon. Frank se convirtió en el escritor y director de la serie y así los usuarios de Netflix llegaron a conocerla.

The Queen’s Gambit comienza con una pequeña Harmon (Anya Taylor-Joy) que pierde a su madre a los nueve años y es llevada a un orfanato. Allí conoce al conserje, Mr. Shaibel (Bill Camp), que le enseña a jugar al ajedrez. Desde entonces, Beth queda hipnotizada por el juego, sueña con él de noche, se imagina las posibilidades de las partidas y sólo espera volver a jugar con Mr. Shaibel. Al mismo tiempo, comienza a desarrollar una adicción a los tranquilizantes que le provee el orfanato a través del Estado para sedar a los niños. A medida que avanzan los siete episodios, deja el orfanato y a su amiga Jolene (Moses Ingram), para conocer a su nueva confidente: su madre adoptiva Alma (Marielle Heller). Ellas serán las únicas mujeres en su vida, ya que Beth se empieza a meter en un mundo dominado por los hombres que creen que destaca en él solo por su genéro. Son solo Billy (Thomas Brodie-Sangster), Harry (Harry Melling) y Townes (Jacob Fortune-Lloyd), tres grandes ajedrecistas, los que ocuparan el lugar de rival al igual que uno en su corazón. Con una habilidad para pensar los movimientos y derrotar a cada contrincante, Beth comienza una vida de competencias, dinero, viajes, píldoras y alcohol, que la llevará por el mal camino mientras intenta ir por el gran título mundial.

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Las escenas que más destacan en la serie son las partidas de ajedrez, en las que sólo un espectador que sepa jugarlo entenderá con precisión lo que sucede, aunque eso no impide que el resto pueda experimentar la tensión y adrenalina de cada una. Es la mirada de Taylor-Joy, los rápidos movimientos de piezas y las decenas de espectadores mirando horas pasar como si fuera una cirugía en vivo, lo que hacen que las tantas partidas no pierdan el interés. De todos modos, cualquier escena en la que la actriz inglesa-argentina aparece en pantalla es hipnotizante. Taylor-Joy viste el papel como si hubiese nacido para hacerlo, a pesar de no haber estado familiarizada ni con las reglas del juego antes de comenzar a filmar. Y enamora con glamorosos outfits y maquillajes retro, una mirada magnética, la cabellera carré pelorrioja y la delicadeza con la que destruye a todos sus rivales. Lo consigue hasta despeinada, recién levantada y con dos botellas de vino en mano. Tanto Beth como su intérprete son cautivantes en cada segundo.

La historia de Beth Harmon es una a la que le costó llegar a la luz, pero finalmente lo consiguió. Netflix presenta a un personaje obsesivo y autodestructivo, pero talentoso y de buen corazón. The Queen’s Gambit se encuentra disponible en la plataforma desde la semana pasada y ya escaló a lo más vistos de los últimos días.

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