Teatro independiente: una audiencia fiel

Por Cristian Fernández y Nicole Giser

“Vengo al teatro regularmente, me gustaría decir que soy un espectador recurrente pero no me da el bolsillo. En general veo dos obras por mes y es gracias a los descuentos”, dijo Alan Molinari, estudiante de actuación en la Universidad de las Artes. Una de los sustentos del teatro independiente es Proteatro, un programa de fomento de la actividad. Este apoyo monetario del Gobierno de la Ciudad es acompañado de una serie de obligaciones que debe cumplir la sala: tener descuentos para estudiantes y jubilados, y entradas gratis para los discapacitados.
“Suelo ir bastante al teatro. Las obras son caras pero hay mucha promoción; si buscás, conseguís. Consumo comercial e independiente, un poco de todo”, subrayó Federico, un joven de 30 años al ingresar a la obra La Naranja Mecánica, de Anthony Burgess. Otra de las estrategias del teatro independiente es no subir los precios de las entradas para mantener espectadores. En dos años los aumentos de las salas porteñas no superaron el 30%.  

ARTEI (La Asociación Argentina de Teatro Independiente) realizó una conferencia de prensa el 3 de mayo para reclamar por el poco apoyo del Estado y la demora de la entrega de los subsidios en los teatros. Según la dirección administrativa de la organización, el público cayó  en un 15% desde 2014. “Hacemos mucho 2×1 a gente que sabemos que le cuesta pagar. Nos esforzamos para que pueda venir. A veces el bolsillo no te da, pero tratamos de sobrevivir”, dijo Lara Crespo, asistente de producción de la obra Abulia, que está en cartelera del teatro Método Kairós. “Muchas veces es más poner que recibir, hablando en términos de economía. Porque los artistas recibimos de otra forma, pero ahora es mucho más complicado”, agregó sobre la situación del sector teatral.

“Vengo un 20% menos que en otros momentos. A los teatros de la calle Corrientes ni voy directamente”, comentó Agustín, un joven matemático de 29 años. A diferencia de las salas independientes, el teatro comercial subió el precio de sus entradas como consecuencia del aumento de los servicios públicos. Las salas más pequeñas también sufren el aumento de las tarifas, teniendo en cuenta los incrementos interanuales del 50%. Los espectáculos se mantienen con los subsidios de las leyes vigentes. 

“Voy más al teatro independiente. Para mí son mejores las obras de las salas más pequeñas y siempre lo serán, por eso se mantiene el público y le hace frente al duro panorama que se enfrenta”, sentenció Paula Costilla, licenciada en antropología cultural. 

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