Teatro independiente: la luz aumenta, el público baja

Por Milagros Vallejos Soto y Gastón Cuneo

La inflación hundió la actividad del teatro independiente. El número de espectadores bajó en un 15% con respecto al año pasado. Y el gobierno se atrasó en el pago de los subsidios para sostener las salas.

El teatro independiente cuenta con más de 25.000 trabajadores, entre actores y actrices, vestuaristas, iluminadores, productores, sonidistas y docentes que cada año realizan más de 700 obras, que convocan a miles de espectadores. Pero con la economía en crisis esto resulta cada vez más difícil.

Alternativa Teatral, uno de los sitios de venta de entradas, informa que hay 2772 salas en actividad, muchas de ellas pertenecientes al circuito independiente. ¿Pero cuáles son las diferencias entre el teatro comercial y el independiente? “En la puesta en escena, el lenguaje del teatro comercial, mayormente, intenta no incomodar a su espectador. En el teatro independiente es fruto de una búsqueda más genuina”, explica el dramaturgo Mariano Tenconi Blanco. Además, otra diferencia sustancial está en el valor de las entradas: mientras que en el comercial hay obras cuyas entradas alcanzan los dos mil pesos (Cabaret, con Florencia Peña y Mike Amigorena, que encabeza las recaudaciones desde su estreno), en el circuito alternativo las entradas no superan los cuatrocientos. En los últimos dos años, el aumento de la luz fue de un 300% y sin embargo, el aumento del costo de las entradas no superó el 25%.

Una de las respuestas a esta problemática fue la conferencia que los representantes de la Asociación Argentina de Teatro Independiente (ARTEI) convocaron en Timbre 4. La consigna era clara: “El teatro independiente dice basta”. Las 150 butacas de la sala México estuvieron ocupadas por actores y referentes del teatro en Argentina, además de políticos, funcionarios y dirigentes de instituciones. ARTEI nuclea cien de las salas independientes porteñas, y en el teatro de Boedo denunciaron el atraso en el pago de los subsidios que provee el gobierno porteño para sostener las salas, el aumento de las
tarifas de los servicios púbicos (las de luz y de gas los arrastran al cierre de las salas) y la falta de pago de las prestaciones que brindaron a organismos públicos. Durante enero, el Gobierno de la Ciudad realizó el Festival Internacional de Buenos Aires en diversos espacios de la ciudad, muchos de los cuales todavía no recibieron su pago. Estuvieron presentes Enrique Avogadro, secretario de Cultura de la Ciudad -que se retiró sin dar declaraciones- y Marcelo Allasino, director del Instituto Nacional del Teatro. “Expresamos la necesidad de poner un freno y hacemos llegar nuestro reclamo a las autoridades gubernamentales que tienen el deber de sostener políticas culturales para que fomenten, protejan y mantengan la relevancia que tiene el sector teatral independiente”, leyeron los representantes de la asociación en el comunicado. Según el documento que presentaron, los presupuestos estatales también decayeron: «hoy representan un 50% de lo que eran hace dos años», sostuvieron.

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Debido a la inflación interanual y a la situación económica crítica del país, el público cada vez va menos al teatro. Según cifras de ARTEI la cantidad de espectadores cayó un 15%. Al tener en cuenta que la mayoría de las salas trabajan con una modalidad 70/30, que representa un porcentaje para la sala y otro para la producción y los actores; lo que les corresponde apenas llega a cubrir los costos.

“Nuestros espectáculos no viven de la taquilla, se sustentan con otro tipo de recursos”, explicó Liliana Weimar, que integra la comisión directiva de ARTEI. Unas de sus principales fuentes de sustento son los mecanismos que crea la Ley Nacional de Teatro, destinados proteger y desarrollar los proyectos teatrales del país. Se trata de programas estatales, como ProTeatro, que ayudan al sector independiente a fomentar su actividad. Pero al mismo tiempo, se vuelve a ver limitado al tener la responsabilidad de cumplir con ciertos requisitos. “Hay otra serie de obligaciones para nosotros: trabajar con precios accesibles, tener descuentos para jubilados y estudiantes y cumplir con un mínimo de funciones para la cooperativa de artistas, que son entre 8 y 12 por mes”, conluyó Weimar.

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