Sub23: el off del off

Por Abril Chiesa

Nos parece más especial que algo sea irrepetible. Trabajamos desde la practicidad y desde la urgencia, armamos obras en muy poco tiempo. Las ideas salen de aquello que tenemos ganas y la capacidad de hacer”, dicen Manuel Montero, Daniel Schonfeld y Stefano Sanguinetti, miembros de Sub23, una agrupación colectiva de artistas menores de 23 años.

El colectivo funciona desde 2015 y está integrado por veinte jóvenes que se destacan en disciplinas como la danza, la actuación, la poesía o la música. Stefano es actor, Manuel y Daniel tienen una banda, los tres escriben para luego ponerle el cuerpo a las palabras arriba del escenario. Dylan Nahmod fue el encargado de unir los eslabones de la cadena de artistas que Sub23 conforma. La historia empezó en una casa de Villa Crespo en la que presentaban varietés. Durante 2016, estrenaron una obra distinta cada mes en el Teatro Mandril (clausurado hace dos semanas por el gobierno porteño). “Los miembros se renuevan, no muchos pueden resistir el ritmo. Somos adictos al trabajo, aunque nos juntemos a tomar una cerveza siempre terminamos charlando de nuevos proyectos. Durante dos años nos reunimos todos los domingos a escribir, y todos los meses gestábamos una obra de la que hacíamos una única función. El mes siguiente volvíamos a crear otra desde cero, y así. Generábamos unas cincuenta páginas de contenido, hubo una obra que duró tres horas. Ahora estamos encarando un proyecto más a largo plazo, nos va a tomar seis meses”, cuenta Manuel Montero.

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Cada varieté trató “los tópicos de la generación”, desde lo político hasta las relaciones familiares.

El trabajo es de autoría colectiva, todos los miembros escriben. También hay bailarines que coreografían y hasta encargados de visuales. Durante el verano el Centro Cultural Recoleta los convocó para ser parte de su Maratón Cultural del 26 de febrero, cuando ofreció actividades durante 24 horas. Sub23 obtuvo como espacio el patio y el horario de las cuatro de la mañana, y armó Y entonces llega la noche. “Organizamos una fiesta, llevamos 70 extras, un dj y pusimos una barra. Armamos situaciones con actores infiltrados en el patio. Tres miembros del elenco hacían de guías turísticos y llevaban a los invitados a pasar por las distintas estaciones. En ellas se representaban situaciones estereotípicas de las fiestas: uno que baila sacado sin parar, un dealer, una pareja que se pelea. Lo describimos como un safari humano.”

-Definen sus presentaciones como “espectáculos que tocan las temáticas que movilizan nuestra generación”. ¿De qué temas hablan?

-El primer año de laburo escribimos bajo la pauta de tocar en cada varieté tópicos muy marcados: política, religión, adicciones, la familia. Después el formato cambió. Pero nunca nos separamos de aquello que mueve nuestra generación. Introducimos elementos de la cultura pop en nuestras presentaciones e internet siempre es una fuente de inspiración. Todavía no sabemos si nos destruyó el cerebro o nos lo salvó.

-¿Qué opinan de la gestión actual de gobierno en cuanto a lo cultural?

-La autogestión cultural se está complicando un montón. Hay clausuras injustificadas todas las semanas. Lo único que hace bien el gobierno es hacer las cosas tan mal que es imposible que la gente no se despierte. Nos enseñan a defendernos y a unirnos porque hay un enemigo común. Es un desafío buscar nuevas formas para expresarte y pelear. Parar no es una opción para nosotros.

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