Silenciadas

Por Mag García Felice

Durante siglos, las mujeres fueron relegadas del mundo del arte –como de muchas otras disciplinas– y pocas fueron las que conquistaron este ámbito. Las condiciones culturales y sociales a lo largo de la historia han sido muy dispares entre hombres y mujeres. Así, se conoce a los hombres como los mayores expositores de obras. Sin embargo, dentro de ese mar de nombres masculinos existieron algunas mujeres que debieron ocultar su identidad para abrirse espacio en las artes.

Las hermanas Brontë

BronteHermanasCharlotte Brontë, autora de Jane Eyre buscaba publicar sus poemas, pero las puertas se le cerraban porque  según los editores “la literatura no podía ser el negocio de la vida de una mujer”. Fue así como ella decidió firmar su trabajo bajo el nombre de Currer Bell. Continuando con la tradición familiar, su hermana Emily, autora de la célebre novela Cumbres borrascosas, también debió firmar su obra con un nombre masculino y eligió Ellis Bell. Anne, la más joven, autora de Agnes Grey, también lo hizo, usando como seudónimo Acton Bell.

 

Augusta Holmés

Augusta Holmes

 

Niña prodigio del piano, compositora y cantante, nacida en 1847 en París. Desde los cuatro años ofrecía conciertos públicos con elevada técnica y sentimiento sonoro. Sin embargo,  a la hora de firmar las obras que componía, lo hacía bajo el nombre Hermann Zenta, así obtenía el reconocimiento que no habría logrado con su nombre de mujer.

 

 George Sand

George Sand

 

Nació con el nombre de Amandine Dupin, pero antes de cumplir 30 años, en 1831, esta joven francesa cambió de identidad para debutar en la literatura. Esta época coincidió con su divorcio y con una nueva apariencia: George usaba ropa masculina para moverse con libertad por París y para que se le permitiera entrar en espacios públicos reservados para hombres, en los que el ingreso de mujeres era algo prohibido.

 

Margaret Keane (Peggy Doris Hawkins)

MKeaneA principios de los años 60 Walter Keane era uno de los artistas más famosos de Estados Unidos gracias a los retratos que pintaba: niños, mujeres y animales con unos enormes ojos llenos de tristeza. Pero en el ascenso de Keane a la cima del arte para las masas tan sólo había un problema, que no se conocería sino hasta años después: quien creaba las pinturas no era él, sino su esposa, a la que durante cerca de una década mantuvo en casa encerrada en un estudio, trabajando sin descanso en los cuadros.

J.K. Rowling

RowlingA mediados de los 90s Joanne Rowling -una madre soltera desempleada- terminó de escribir su primera novela: Harry Potter y la piedra filosofal. La editorial que accedió a publicarlo le pidió que empleara un seudónimo que ocultara su género, dado que “el público infantil y adolescente no compraría un libro escrito por una mujer”.  Ella decidió usar iniciales: J.K. Rowling. La obra se convirtió de inmediato en un éxito de ventas en el mundo entero, así como toda la saga.

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