Show choirs: también hay Glee en la Argentina

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Por Antonella Ferretti

El 19 de mayo de 2009 se vio por primera vez Glee, la serie de televisión creada por Ryan Murphy que transcurría en una escuela secundaria de Ohio, en los Estados Unidos, y que no sólo se centraba en New Directions, el showchoir del colegio, sino que además abordaba temas como la sexualidad, las relaciones amorosas, la discriminación y el bullying. Al año siguiente, Alejandro y Matías Ibarra, dos hermanos de la localidad cordobesa de Almafuerte -que cuando eran pequeños en lugar de dormir la siesta se encerraban en el garaje a cantar, bailar y escuchar discos de su abuela-, fundaron Showchoirs Argentina, una comunidad artística que produce y promueve esta disciplina musical. Ellos habían vivido la experiencia a partir de un intercambio estudiantil en West Virginia, donde tuvieron la oportunidad de participar en las competencias de este género. El desafío fue desembarcar esta práctica en la Argentina y adaptarla a una nueva audiencia.

¿Qué es un show choir? Es un grupo de cantantes y bailarines que combinan el canto coral con el baile en un repertorio popular que va desde el pop hasta los clásicos musicales de Broadway. Si bien esta disciplina comenzó a ganar popularidad y practicarse en varios rincones del mundo gracias a Glee, tiene una amplia tradición en los Estados Unidos que se remonta a los años 60 y que forma parte del plan de estudios en la mayoría de las escuelas o se practica como actividad extracurricular. Allí existen ligas y suele haber competencias regionales y nacionales en las que un jurado evalúa todo el espectáculo, desde los arreglos vocales y coreográficos hasta el diseño de la puesta y el vestuario. Existe, inclusive, un sistema de ranking (National Show Choir Ranking System) en el que cada grupo del país tiene un puesto, según su rendimiento en las presentaciones.

Una de las presentaciones de Showchoirs Argentina

“Desde el momento en que empezamos hasta hoy es increíble lo que ha crecido la actividad. Nos cambió la vida, conocimos gente maravillosa. Un show choir conlleva tantas horas de trabajo y se disfruta tanto que los vínculos que se construyen son muy fuertes y profundos. Es una familia”, relata Matías Ibarra, y agrega que comenzaron “tímidamente” con 20 integrantes y ahora son más de 100, divididos entre 4 coros: Adrenalina, Upstage, Super Tropa y Big Bang. Si bien para formar parte hay que hacer una audición, no hay restricciones ni requisitos para entrar. No hay que ser cantante ni bailarín, tampoco existe un límite de edad. Sólo hacen falta ganas de aprender y compromiso, ya que cada miembro es significativo para la totalidad del grupo y es necesario que todos estudien y ensayen su parte para que el resultado sea el esperado.

La actividad no tiene un perfil profesional, sino que se dicta en forma de taller todo el año, a cargo de los mismos hermanos Ibarra -Alejandro en la parte coreográfica y Matías en lo vocal y musical-, de Rodo Santamarina y María Belén Di Iorio. Cada grupo ensaya ocho rutinas, que serán presentadas en tres muestras anuales, con un repertorio variado, desde musicales hasta clásicos de Disney, música pop y latina. Algunas de ellas suelen ser mash ups -dos o más temas musicales combinados en una especie de collage- entre varias canciones. “Tratamos de enfocarnos en temas que la que la gente conozca, porque la idea es que sea una fiesta donde todos la pasen bien y se diviertan. Tenemos un arsenal de canciones que con Ale siempre quisimos hacer desde chicos y ésta es nuestra oportunidad para ponerlas en escena”, explica Matías.

Ropi Azcarate conoció los show choirs porque tomaba clases de danza con Alejandro Ibarra. Y a Candelaria Aparicio la sorprendió a una muestra que vio en diciembre del año pasado: “No bien empezó el show sentí una adrenalina muy fuerte, me fui con ganas de ser parte de eso. Sentía que yo quería estar arriba del escenario con los chicos”. Ambas forman parte del coro Big Bang y destacan la disciplina y el profesionalismo de los profesores, así como también el cariño y el compañerismo que se vive en los grupos. Al igual que Matías, en sus palabras se nota el amor y la pasión por lo que comparten en los talleres, y lo agradecidas que están por participar de esta experiencia, que describen como “inolvidable y hermosa” y que recomiendan a todos aquellos que quieran divertirse y aprender a cantar y bailar.

La disciplina fue ganando adeptos y hoy, además de Showchoirs Argentina, ya hay varios grupos en el país. En la Ciudad de Buenos Aires existen también Sin límites y Revolution, que nacieron en la Escuela de Showchoir Argentina, y en Córdoba se formó Cover Show. Además, el 9 de octubre se celebró el Primer Encuentro Nacional de Showchoirs en el que participaron los coros de los hermanos Ibarra; ¿Y por qué no?, que pone en escena canciones populares actuales con letras religiosas, y Voz en Acción, que se creó en La Plata.

“Vamos creciendo de a poco, cuesta juntar gente porque es una actividad que requiere mucha energía y compromiso. Capital Federal tiene la ventaja de tener un público para todo, en La Plata eso es un poco más difícil. Más allá de eso, es sorprendente el auge repentino y parejo que tuvo la actividad en los últimos dos años”, cuenta Jorge Obeaga, creador y director de Voz en acción junto a Pablo Ramuzzi. El proyecto nació en 2015 y tiene una modalidad de taller al igual que el de Showchoirs Argentina, con una presentación anual. Para Obeaga los hermanos Ibarra fueron una fuente de inspiración, pero luego Voz en acción desarrolló una modalidad de trabajo propia y autodidacta, a partir de la experiencia en comedia musical y de cuestionarse cómo unir las dos cosas para que funcionara como un solo producto. “Nos animamos a probar temas populares más cercanos a nuestra cultura, como Bandana, Gilda, Natalia Oreiro. Queremos que el público cante y baile con nosotros, que todos se diviertan”, agrega, y destaca que es una linda experiencia para disfrutar en vivo, porque es donde más se distingue la calidad del espectáculo.

“La empatía que se genera entre los integrantes es muy llamativa. Cantar con otra persona y trabajar con las voces en conjunto para formar un solo sonido es una experiencia que te une con el otro de una forma muy fuerte”, concluye Obeaga. Si hay algo en lo que coinciden una y otra vez desde cada grupo es en el apoyo, el amor y la familia que se construye entre los miembros. Todos tienen su lugar y su momento para brillar. Se cuidan, se acompañan y comprenden que el objetivo es lograr juntos el mejor resultado y hacer crecer esta práctica que cada vez tiene mayor convocatoria en distintos rincones del país.

La llegada a la calle Corrientes

Además de los talleres anuales que dictan desde 2010, en 2013 los hermanos Ibarra dirigieron El club del hit, el primer espectáculo musical hecho por un show choir, que comenzó en el teatro El Cubo y luego se reestrenó en el Teatro Tabarís. Treinta intérpretes en escena hacían un recorrido por los hits populares más recordados de las últimas décadas, con canciones de Valeria Lynch, Rafaella Carrá, Sergio Denis, Abba y Xuxa, entre otros. El espectáculo contaba, además, con distintos invitados que participaban de cada función, como Fernando Dente, Peter Lanzani, Claribel Medina y Laura Esquivel. Según Matías Ibarra, hay posibilidades y sobre todo el deseo de hacer la segunda parte de este show, aunque aún no tienen nada definido.

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