Seis maneras de recordar a Leonard Cohen

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Por Lucía Matusevich y Franco Rosso Lobo

Leonard Cohen dijo que estaba listo para morir. Como si alguien lo hubiera escuchado, el músico canadiense falleció el lunes 7 de noviembre a los 82 años. Pero como todo buen artista, Cohen queda inmortalizado en sus obras.
Un libro, un álbum de estudio, uno en vivo, un cover, una canción y un amor: seis maneras de recordar a Cohen y no dejar que su llama se extinga todavía.

Un libro: El juego favorito (1963)

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Lawrence Breavman es el protagonista de la primera novela de Cohen.

Un canadiense en los años 60, judío y criado como tal. Con estas características, el protagonista de El juego favorito, Lawrence Breavman, recuerda a los personajes de Saul Bellow o Phillip Roth. Se trata de una novela de iniciación, en la que un joven empieza a preguntarse por los enigmas del mundo adulto. Un buen punto de partida para leer al Cohen de la prosa. En 2011, Edhasa publicó traducido al español.

 

 

 

Un álbum de estudio: You Want It Darker (2016)

You Want It Darker fue un sello de lacre negro para la carrera de Cohen. Destacado como uno de sus mejores trabajos post-2000 -y tal vez de toda su discografía-, teñido de un aura conciliadora, es el disco de un hombre que dijo estar “listo para morir”. “Hineini, hineini (estoy aquí, estoy aquí)/estoy listo, mi señor”, cantó el pájaro en su último trabajo, publicado a fines de octubre. Poco después, el viento se lo llevo a él, a sus coros, a sus cuerdas de nylon y a la cavernosa voz en la que se convirtió con el tiempo. ¿Lo querían más oscuro? Oscurísimo, dijo Cohen.

Un álbum en vivo: Live at the Isle of Wight 1970

Tocar frente a más de 500.000 personas es un desafío. Tocar frente a un público enojado porque la organización de un festival cercó el lugar para que los fans que no pagaron se alejaran del predio, es un desafío. Tocar después de Jimi Hendrix es un desafío. Pero Leonard Cohen, con su repertorio acústico, se paró en el escenario del festival de la Isla de Wight y aceptó el reto. Como dijo su colega Kris Kristofferson: “Encantó a la bestia. Una voz melancólica y solitaria hizo lo que algunos de los mejores rockeros del mundo no lograron en tres días”. Con solo dos álbumes de estudio en su haber, en ese entonces, el canadiense se embarcó en un repertorio de quince temas, intercalados con historias y poemas. En 2009, se lanzó por primera vez el combo del CD y el DVD de este hipnótico concierto, a través de Columbia.

Un amor: Marianne Ihlen

“Bien, Marianne, ha llegado el tiempo en el que somos realmente muy viejos y nuestros cuerpos se están desarmando, y creo que voy a seguirte muy pronto. Sabé que estoy muy cerca, detrás tuyo, que si estirás la mano creo que podés tocar la mía. Y sabés que siempre te amé por tu belleza y sabiduría, pero no necesito extenderme sobre eso porque vos ya lo sabés. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré en el camino”. Así decía el mail que Cohen le envió a su ex mujer solo dos días antes de que ella muriera, el 28 de julio de este mismo año. Pero Marianne Ihlen no solo fue su pareja, también fue la musa inspiradora de “So long, Marianne”. Se conocieron en 1960, en Grecia, tuvieron un romance de siete años, él le dedicó su libro de poemas Flores para Hitler y la inmortalizó en una de sus canciones más conocidas. Leonard Cohen escribió algunos de los mejores temas (y poemas) de amor, por eso hoy casi no hay recordatorio que no mencione que irá a reunirse con su musa, su amiga, su querida Marianne.

Un cover: “Hallelujah” de Jeff Buckley.

Sin dudas es la canción más conocida de Cohen. Y también la más reversionada. Pero Jeff Buckley, en su disco Grace (1994), es el que mejor supo interpretar «Hallelujah»: austeridad sonora cargada de sentimientos. Rufus Wainwright, Willie Nelson, John Cale, Regina Spektor y tantos otros artistas también le dieron el debido tratamiento al clásico de Cohen.

Una canción: “Hey, that’s no way to say goodbye”.

“Hey, esa no es manera de decir adiós”. ¿Queda algo más para decir?

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