Mar del Plata: los avatares del rodaje de una película de género

Una mezcla de terror gore con tintes fantásticos, que además suma una cuota de melodrama histórico. Así es Los que vuelven, de Laura Casabé; directora que ya incursionó en el género al adaptar La pesada valija de Benavídez, el cuento de Samanta Schweblin (retitulada La valija de Benavídez, con Norma Aleandro y Jorge Marrale). Sus dos películas participaron de diversos festivales como Sitges, FrightFest, Sanfic, Bifff y Guadalajara, entre otros.

Protagonizada por María Soldi y Alberto Ajaka, Los que vuelven presenta un triple desafío. Además de tener un alto vuelo visual, es una película de género fantástico-terror (atípico para nuestro cine, aunque cada día hayan mas propuestas) y de época -una combinación inusual- que, encima, estuvo filmada íntegramente en la selva misionera.

Los que vuelven

Los que vuelven“Esto nació siendo un corto que se llamaba La vuelta del malón, que hice en el año 2010 en La Pampa y que hablaba del regreso de la muerte de un grupo de indígenas ranqueles aniquilados por una familia blanca. La idea de esta película surgió de ese material, que mezclaba el cine fantástico con el melodrama histórico”, comentó Casabé. Pero, al convertirla en un largometraje, consideró que Misiones tenía algo especial: “La selva misionera me pareció profundamente atractivo como lugar, un universo aparte del que apropiarme para resignificar y transformar”.

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“Cuenta la leyenda que Fitzcarraldo (N. de la R.: la película de Werner Herzog, del año 1982, sobre un obsesionado de la ópera que quiere construir un teatro en medio de la selva) es pequeña al lado de las aventuras que tuvieron que vivir en el rodaje”, bromeó el programador Pablo Conde, que ofició de moderador en una charla entre Casabé -acompañada por parte del equipo- y el público.

“Filmar en la selva es muy particular, dependes mucho de si ella te deja o no. De 21 jornadas de rodaje, llovieron 28. Llovía permanentemente, siempre llegar era imposible, terminábamos con los pies llenos de barro rojo, se quedaban todos los vehículos y una actriz encima estaba embarazada de cinco meses», comentó. El rodaje no solamente fue complicado por cuestiones climáticas, sino también por la cantidad de insectos: “Había una plaga de bichos, un día estábamos filmando y nos dimos cuenta que en el monitor donde chequeábamos los planos una araña se había armado su casa. Afortunadamente tuvimos un equipo muy poderoso que se cargó la película al hombro”.

La actriz Lali González completó el anecdotario: “Un día una catarata chupó el drone”. “Esta es una película hecha con el corazón. Que viva el cine de género latinoamericano”, concluyó.

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