Mar del Plata: Las buenas intenciones, una coming of age autobiográfica

Los relatos autobiográficos, muchas veces, corren el riesgo de convertirse en un libro de anécdotas personales. Incluso el espectador se puede llegar a preguntar si la historia es realmente interesante, o qué tan necesario era ficcionalizar un recuerdo familiar. Sin embargo, en Las buenas intenciones, la directora Ana García Blaya toma una historia propia para pintar un mundo entero y alejarse de un tono anecdótico. «Es muy emocionante estar acá, sobre todo teniendo a mi mamá en la sala. La película está dedicada a ella y a mi papá, que falleció hace algunos años. Ya van a ver por qué», dijo antes de que comenzara la proyección. Después de exhibirse en los Festivales de San Sebastián y de Toronto, Las buenas intenciones se estrenó en Mar del Plata.

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«Es una película muy argenta, ¿la entenderán en otras partes del mundo?», se preguntó la directora. «Pero en Toronto vino una japonesa llorando y me dijo «esta es la historia de mi papá»». Son los años 90. Gustavo (Javier Drolas) es un hombre divorciado con tres hijos que trabaja en una disquería con su amigo Néstor. No es particularmente un hombre responsable ni un padre hecho y derecho: todo lo contrario. Son sus hijos quienes, a pesar de su corta experiencia en la vida, se encargan de mantenerlo firme. Sobre todo Amanda (Amanda Minujín, hija del también actor Juan), la mayor. Cecilia (Jazmín Stuart), su ex esposa, le reclama constantemente la mensualidad y una crianza más entusiasta para con sus hijos. Es que en el mundo de Gustavo no cuadran ni la palabra puntualidad, ni orden ni tranquilidad: toca la guitarra, fuma marihuana y vive de noche, rodeado de discos y de mujeres -casuales- en un departamento chico. Un día, Cecilia le comenta que su novio consiguió una oportunidad de trabajo superadora y tienen que mudarse a Paraguay con sus hijos. Es ahí cuando Amanda reacciona y está dispuesta a quedarse con su padre.

García Blaya comentó que la película la comenzó a escribir hace diez años en un taller del guionista Pablo Solarz, y que la mantuvo en un cajón. Pero en 2015, cuando falleció su papá, su hermana (Juana García Blaya, productora de la película) la convenció de presentarlo al concurso de Óperas Primas del INCAA y ganaron. «Cuando Ana me pasó el guión me deshidraté», expresó Jazmín Stuart cuando terminó la función.

Quien también expresó su felicidad por ser parte del proyecto fue Juan Minujín, que además de tener una hija protagonista (y otra, Carmela, con un personaje más chico) tiene un breve papel como la pareja de la madre: “Laura (de la Vega, su esposa) y yo estuvimos abocados muchas semanas a llevar a las chicas al rodaje. Fue hermoso, y más allá de lo que hayan hecho las chicas, fue una experiencia increíble. Nos sentimos bendecidos”.

Después del Festival, Las buenas intenciones tiene fecha de estreno programada en Argentina para el 5 de diciembre.

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