Mar del Plata: el subgénero de violación y venganza llegó con La fiesta silenciosa

El cine de violación y venganza -también conocido como rape and revenge, en su idioma original- nació en la década de 1970 y se consolidó con una estructura de tres actos: un personaje que es abusado sexualmente, se recompone de la situación y se prepara para tomar venganza. Derivó como otro género dentro del cine de explotación, una serie de películas que tomaban temáticas hasta ese momento tenebrosas y perturbadoras y las mezclaba con una dosis de estética kitsch, grotesca y bizarra. Incluso, con los años, sirvió para modificar la representación de las mujeres en el cine, que ahora se redescubren y se vuelven más fuertes.

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Una pareja conformada por Jazmín Stuart y Esteban Bigliardi está camino a casarse. La celebración se hará en la casa del padre de ella, un caserón en un barrio privado en las afueras de la ciudad, por lo que una noche antes ya están camino al lugar. Su padre (Gerardo Romano) es un abogado de buen pasar que quiere -o al menos intenta- tener toda la organización del evento en sus manos. La noche anterior, estresada, ella se va de la casa y sale a caminar sin rumbo por el parque. El destino lo encuentra en una casa vecina, donde un grupo de jóvenes está realizando una fiesta silenciosa (una fiesta en donde la música, en lugar de escucharse por parlantes, se escucha a través de auriculares). Entre el alcohol y la angustia, tiene relaciones sexuales en el parque con uno de los invitados. Pero, sin que ella se de cuenta, otro hombre se pone por detrás y la penetra sin su consentimiento. Allí comienza su venganza.

«Tenía ganas de hacer una película entretenida, por sobre todas las cosas, para que después empiece a aparecer más solapada la reflexión», expresó el director Diego Fried apenas terminó la función. La película toma como referencia a La fuente de la doncella, de Ingmar Bergman; parte del cine de Michael Haneke, algo de Quentin Tarantino e inclusive otro poco de La celebración, el clásico de Thomas Vintenberg, fundador -junto a Lars Von Trier- del Dogma 95.

«Fue muy arriesgado a nivel actoral para mí. Es la segunda vez que la veo y termino siempre shockeada, sacudida. Cuando filmamos terminaba angustiada y tenía que salir a despejarme por el parque», confesó Jazmín Stuart; quien en esta edición del Festival apareció multiplicada por dos, ya que también presentó Las buenas intenciones, de Ana García Blaya.

Sin fecha de estreno confirmada en Argentina, la productora aseguró que entre marzo y abril la película estará en las carteleras comerciales.

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