Machismo en el rock, una cultura en retirada

Por Tatiana Cuschnir, Rocío Llano y Franco Rosso Lobo 
Informe: Florencia Albornoz, Tatiana Cuschnir, Luis Durán, Sara Fernández, Antonella Ferretti, Mag García Felice, Nicole Geringer, Rocío Llano, Santiago Llurba, Nicolás Mancini, Evelyn Maroli, Lucía Matusevich, Sofía Montaña, Micaela Padrón, Giselle Pons, Franco Rosso Lobo, Lola Schenone, Juan Zapata

En abril del año pasado dos jóvenes hicieron tambalear el circuito del rock nacional con un hecho que sería el primer paso de un camino que se estaba por abrir. Mailén Frías y Rocío Márquez subieron dos videos a Youtube en los que denunciaban a José Miguel del Pópolo, cantante de la banda La Ola que Quería ser Chau, por haberlas violado y abusado psicológicamente. “Yo esto lo quiero difundir porque creo que el trabajo mental que él hace con las chicas con las que está quizás hace que no se den cuenta de que están siendo abusadas, de que están siendo víctimas”, afirma Mailén, en el video, al borde del llanto. El efecto fue inmediato. A las pocas semanas, el acusado sería Cristian Aldana, líder de El Otro Yo, quien se encuentra con prisión preventiva tras nueve denuncias en la justicia por violaciones, abusos y violencia propiciada a mujeres menores de edad. (Ver La lucha de Ya No Nos Callamos Más).

Ante los numerosos femicidios y los casos que salen a la luz dentro del mundo del rock, algunos músicos decidieron revisar antiguas letras de sus canciones que, como muchas de El Otro Yo, agreden a las mujeres. El 21 de febrero, el grupo Café Tacvba hizo una publicación en su página oficial de Facebook para explicar que dejarán de tocar la popular canción “La ingrata”. “Por eso ahora tendré que obsequiarte un par de balazos pa’ que te duela. Y aunque estoy triste por ya no tenerte voy a estar contigo en tu funeral”, son las últimas líneas del tema que fue lanzado en 1994 por los mexicanos. En una entrevista con La Nación, el cantante Rubén Albarran reconoce que su visión cambió con el tiempo: “Éramos bien jóvenes cuando se compuso y no estábamos sensibilizados con esa problemática como ahora todos sí lo estamos (…) Mucha gente puede decir que es sólo una canción. Pero las canciones son la cultura, y esa cultura es la que hace que ciertas personas se sientan con el poder de agredir, de hacer daño, de lo que sea”. La banda mendocina Karamelo Santo es otra de los que se replantea el contenido de sus letras. “El rock quiere un cambio pero nos debe acompañar el público y los que lucran con nuestras canciones”, expresaron los músicos a través de sus redes sociales, donde pidieron a Spotify que quitara viejas canciones “que no nos representan hoy en cuanto nuestra opinión en contra de la violencia hacia mujeres”.

“No solo se siguen destapando casos de chicas abusadas que por miedo o falta de apoyo se callaron, sino que ahora se animan a contarlo y hacerlo público. Es un efecto en cadena, así como yo me animé a hablar gracias a las tremendas mujeres que son Mai y Rocío”, afirma  Cynthia Rendón, quien integra el colectivo Ya No Nos Callamos Más y sufrió abuso psicológico por parte de Ignacio Castillo, líder de Temporada de Tormentas. Además de los casos de violaciones y abusos, varios músicos fueron acusados por declaraciones machistas. Gustavo Cordera y sus dichos en TEA Arte (Ver recuadro) y Ciro Pertusi (ex Attaque 77), por una vieja entrevista en la que se refirió a un deseo sobre chicas menores, fueron repudiados por gran parte de la sociedad.

El colectivo Ni Una Menos tiene mucho que ver con la visibilización de esta problemática. El 3 de junio de 2015 miles de personas de todo el país se movilizaron para gritar basta de femicidios y de violencia machista. La marcha tuvo su edición 2016 y tan solo cuatro meses después, el 19 de octubre, se realizó el primer paro nacional de mujeres, un hecho histórico en la Argentina. A pesar de que las cifras de muertes de mujeres en manos de hombres no bajaron, el tema está instalado tanto en la agenda política como mediática y eso no escapa al mundo del rock.

“Se siguen destapando casos de chicas abusadas que por miedo o falta de apoyo se callaron, y ahora se animan a contarlo y hacerlo público. Es un efecto en cadena.”

(Cynthia Rendón)

¿Es posible separar el machismo en la sociedad del machismo en el rock? Según el periodista Alfredo Rosso, “hay machismo dentro del rock, que no se diferencia de machismo que hay en todas las instancias de la sociedad argentina. No es muy fácil separar el machismo del racismo y la homofobia, en general hay una mentalidad que está predispuesta a eso y eso existe en los medios, en el rock, en la bolsa de valores, en todas partes”.

“Vivimos en una sociedad machista, en general en todas las esferas reina el machismo. El rock es un reflejo de la sociedad. En el mundo del rock convencional, si agarramos las bandas que salen en La Mega todos los días y en otros medios más, sí, es un mundo absolutamente machista -dice Facundo Enrique Soler, también conocido como FES-. Es un mundo liderado por varones, donde ellos toman las decisiones, y donde hay una idea de la mujer bastante cosificada, es un objeto que se pone en un lugar, se saca del otro y se lleva a otro lugar. El mundo convencional del rock argentino sin duda es machista por completo.”

¿Y qué pasa con los medios?

Lo que hace quince años podría haber aparecido en un suplemento musical, ¿podría publicarse hoy de la misma manera? El periodista Nicolás Igarzábal -conductor del programa Basura de persona en radio Colmena- opina que “hoy hay una conciencia más crítica con respecto a este tema y se analiza todo con otros ojos. El caso de Cordera fue paradigmático y quedó en claro que no se puede decir cualquier cosa sobre este asunto. Hubo una condena social bien clara”. Rosso afirma que en la sociedad argentina han habido unos avances increíbles en los últimos años: “Es difícil cambiar estas cuestiones sabáticas, pero se ha empezado y eso es importante, poner el dedo en la llaga, que ya este tipo de cosas no pasan así como si nada”, explica el conductor de La trama celeste, en AM 750.

En los 90 y los primeros años de este siglo, distintas revistas de rock y suplementos musicales publicaron notas que contenían declaraciones que actualmente generarían rechazo en el lector. Pero en esos años ni la sociedad, ni los músicos, ni los periodistas se detenían en eso. “Una vez le hice una nota a Cristian Aldana que salió en la tapa del Suplemento NO, en la que se sacó las fotos con dos pibas en pelotas en la bañera. No sé si eran menores de edad, no creo, no parecían menores de edad, pero la realidad es que tampoco era algo a lo que le prestábamos atención. Ni siquiera como sociedad le dábamos mucha bola. No me voy a poner en la posición de ‘Ay, yo me daba cuenta’. Y si pasaba, tampoco lo juzgaba”, afirma el periodista de Página/12, Roque Casciero.

“Vivimos en una sociedad machista, en general en todas las esferas reina el machismo. El rock es un reflejo de la sociedad.»

(FES)

Con las nuevas generaciones también llegaron periodistas que creen que hablar sobre el tema es una parte de sus responsabilidades. En mayo pasado, el programa de televisión #TuMuch, que fue emitido hasta agosto por Much Music, hizo un especial contra los abusos en el rock y la violencia de género. Fueron invitadas víctimas de abusos que contaron sus historias y se intentó analizar lo que sucede entre el rock y las mujeres. Nicolás Zamorano, mejor conocido como Zabo, además de haber conducido el ciclo junto a FES, fue uno de los mayores impulsores del especial. “Fue fuertísimo. Lo hice con mucho miedo, pero también con muchísimo respeto porque había víctimas involucradas. Sentí que había hecho algo muy útil. Es importantísimo plantarse y aprovechar el micrófono. Desde un canal de televisión que sale para toda Latinoamérica o desde un blog, cada uno tiene que aprovechar su espacio. Para mí fue importante decir ‘¿En qué estoy contribuyendo?’, siento que fue la primera vez que sentí que hacía algo importante y me lo voy a acordar siempre”, opina Zabo.

A pesar de que el machismo y la violencia de género tomaron una mayor visibilidad en los medios y en la sociedad, los avances son bienvenidos pero no suficientes. Al respecto, la conductora de Mega 98.3 y comunicadora Julia Michelón opina: “Los medios están como todos nosotros, en crisis. Parece que a los medios le faltaran herramientas para analizar esto de otra manera. Siempre están los del under, que van a hacer un análisis sobre esto y van a aprovechar para tener una mirada sobre la sociedad, pero en la mayoría de los medios, las corporaciones y la TV comercial, fue una anécdota que midió esa semana y después se olvidaron”.

La figura de la groupie

Algunas mujeres consideran que lo son y a otras no les gusta ser llamadas así, pero la idolatría que  provocan los músicos en muchas fanáticas también genera un deseo de poder estar cerca de ellos de cualquier manera. Jorgela Argañaras, fundadora de JA! Comunicación que representa a Fito Páez y Charly García, entre muchos otros, opina: “Lo que veo en general en los grupos de fans es una enorme carencia de afecto y una desesperación tremenda por ‘llegar’ al ídolo a cualquier precio, a veces con alguien cercano que puede ser un chofer, o alguien de seguridad: como sea y cueste lo que cueste. Los fans son personas muy vulnerables, entonces se da una escena perfecta para cualquier situación de abuso. Creo que hay una combinación, en estos casos, que resulta explosiva”.

“Es difícil cambiar algunas cuestiones , pero se ha empezado y eso es importante.»

(Alfredo Rosso)

Entre las fanáticas están también quienes aseguran que se puede iniciar «algo» con un músico y poner sus propios límites. Rocío Saccheto, seguidora de bandas de rock, relata: “En diciembre fui al recital de una banda de rock en Groove y después fui con el cantante del grupo y una amiga a un bar, y de ahí me fui en taxi con él. Yo no tenía intenciones de nada, pero empezamos a besarnos. Como no tenía preservativos me negué a hacer algo. Como él es un cantante conocido en el ambiente y yo no lo conocía personalmente, no sabía cuál podía ser su reacción. No quería quedar como una vueltera, pero él lo entendió y nos quedamos charlando hasta que me fui. Me pidió mi número de celular y al otro día me contactó, preguntando cómo había llegado y cómo me sentía. Me dijo que no pasaba nada si yo le decía que no de entrada, que él me iba a respetar. Así que me propuso volver a vernos para ‘hacer las cosas bien’ y le dije que no tenía problema”.

Algunos músicos tienen otra mirada sobre el asunto. Para Fabián Zorrito Vön Quintiero, “la groupie no existe más. Ningún artista de rock quiere groupies ni fanáticos en exceso. No quieren que nadie se fanatice o se mimetice. Todos queremos una audiencia respetuosa, pero también relajada, que disfrute de tu concierto o de tu disco y que quede en eso. No nos gustan las obsesiones y el fan que está casi  obsesionado con el artista”. En la misma línea, la cantante Aimé Cantilo expresa: “Mi opinión es que son casos de una generación que se quedó un poco atrás, la de minitas, rock, groupies. Me parece que de a poco se va limpiando la conciencia de esa situación, por parte de los fans y los músicos”.

Más allá de las distintas opiniones que genera el tema, las denuncias existen. Rendón asegura: “Creo que ahora no solo se está expandiendo la lucha contra los abusadores y violadores, sino que es una advertencia diaria para que estos personajes en potencia lo piensen mil veces antes de actuar”.

El caso Cordera

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Gustavo Cordera en Tea ARTE

Después de sus declaraciones como “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo”, Gustavo Cordera debió suspender sus shows y tiene abierta más de una causa judicial. Para la locutora Julia Michelón, el ex-Bersuit es alguien que desciende de lo “marginal” y lo “oscuro”, y representa “un poco la voz de la sociedad que no habla, aquellos que piensan como él pero no lo dicen, sino que actúan así en cada mínimo hecho cotidiano”. “Dijo en voz alta lo que muchos piensan, no sólo el rock, lamentablemente, sino gran parte de la sociedad.”

En cambio, desde la perspectiva de Guillermo Sánchez, bajista de Rata Blanca, la visión no es tan taxativa: “Cuando uno es una persona pública tiene que medir las palabras, porque se pueden malinterpretar. Él se expresó como si estuviera en un bar hablando con amigos y ahí estuvo el error”.

El escritor Martín Kohan fue uno de los primeros en calificar de “retorcido” e “intrincado” el discurso de Cordera en una columna para La Izquierda Diario. Según el autor de Fuera de lugar, “es más fácil y es más cómodo condenar un llamado a la violación general, cosa que no hizo, que detenerse a pensar en el rotundo machismo de su concepción del deseo y de la sexualidad”. Y concluye: “Ese machismo, el que de veras emergió con Cordera, está bastante extendido tanto en hombres como en mujeres, y centrar el problema entero en una presunta perturbación suya ha sido una manera eficaz de no asumirlo”.

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