Los libros buscan su lugar en la nube

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Por Mag García

Desde las tablas de arcilla hasta el e-book, las plataformas de lectura han variado a través del tiempo para adaptarse a las necesidades de los lectores: lograr su perdurabilidad, alivianar su peso u ocupar menos espacio. En artes como la música y el cine, cada formato resultó superador al anterior: el CD superó al vinilo, el MP3 al CD; el DVD superó al VHS y el Blu-Ray al DVD, la mayoría de las antiguas plataformas quedaron en el pasado. Sin embargo, en el ámbito de la lectura, el libro de papel todavía tiene un lugar principal frente a los formatos digitales que lo sucedieron.

El streaming, o descarga continua, es la distribución digital de multimedia a través de una red de computadoras, de manera que el usuario consume el producto mientras lo descarga. Se trata de una corriente continua de datos que fluye sin interrupción. Esta modalidad obtuvo buenos resultados entre los consumidores de productos audiovisuales y musicales: Spotify, Apple Music, Tidal, Netflix y Qubit.tv, permiten a sus usuarios acceder a una gran variedad de contenidos sin tener que descargarlos, a cambio del abono de menos de hasta diez dólares por mes. Las películas y los discos se han vuelto intangibles, pero los libros parecen resistirse a este nuevo formato.

Las primeras empresas que incursionaron en el streaming de libros fueron las españolas Nubico y 24symbols, con pequeños catálogos de textos de habla hispana. En Estados Unidos surgieron Librify, Oyster y Amazon, focalizadas en libros de lengua inglesa, y en Alemania, únicamente con títulos en alemán, existe Skoobe.

En la Argentina se puede acceder a dos plataformas de lectura en la nube: 24symbols y Leamos. Ambas ofrecen libros digitales con un modelo freemium: los usuarios pueden acceder en la nube a un catálogo multieditorial de manera gratuita, pero con publicidad insertada y ciertas limitaciones; o bien abonar una suscripción para disfrutar de un servicio de mayor calidad. Este punto y el modo de pago a los escritores y editores, son similares a las modalidades de Spotify. Para que la plataforma de streaming musical retribuya algo a los artistas por reproducción, la canción tiene que haber sido escuchada al menos durante 30 segundos, y la ganancia es de (aproximadamente) $ 0,008. En el caso de 24symbols, un libro se considera leído cuando el usuario supera el 10% de la totalidad de páginas, y solo entonces se le paga al editor.

A pesar de la modalidad de las plataformas, que resultan beneficiosas para las editoriales, Germán Echeverría, representante de 24symbols en Argentina, sostiene que “hay algunos editores que se muestran escépticos o temerosos a causa del desconocimiento de las diferentes opciones al momento de comercializar o distribuir los contenidos”. Si bien numerosas editoriales argentinas como EUDEBA, Ediciones B, Eterna Cadencia y EDUVIM trabajan con 24symbols, y los servicios de streaming son bien recibidos en el ámbito de la música y el cine, la lectura online avanza a pasos lentos. Según Echeverría, esto se debe al “desconocimiento sobre las plataformas de este tipo”. “Los lectores analógicos y digitales son públicos distintos. Los que aman el papel y siguen leyendo en ese formato es difícil que pasen a lo digital, sea mediante la venta de e-books o un servicio como 24symbols. En este sentido, no buscan alternativas al papel dado que resuelve bien sus necesidades.»

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