Lola Arias: «Me interesa volver a llevar los libros de paseo»

Por Joel Álvarez, Abril Chiesa y Sofía Rey

Parece una versión literaria y algo rara de la búsqueda del tesoro: obedecer instrucciones abrochadas entre páginas de un libro, recorrer rincones secretos y normalmente inaccesibles de la Biblioteca Nacional, seguir flechas y señales hacia la próxima pista, encontrarse de pronto con Lola Arias y Ulises Conti en un ascensor apretujado. Éstas son algunas de las experiencias que los participantes de la performance titulada Formas de caminar con un libro en la mano vivieron el sábado pasado en la novena edición de FILBA.

La actividad partió de un concepto ideado por el compositor y la teatrista, Conti y Arias, y tuvo como objetivo reivindicar, aunque sea por unas horas, la costumbre de llevar y leer libros en espacios públicos y tiempos muertos. Según los autores de la performance, esta costumbre se perdió con los años en favor de los teléfonos celulares y la vertiginosa necesidad de inmediatez: ahora, en lugar de continuar un libro en el colectivo, en la sala de espera o en la cola del supermercado, todo el tiempo libre lo ocupan contestar correos y chequear redes sociales.

“Lo que me interesa es volver a llevar de paseo a los libros, volver a tener esa relación más móvil con ellos”, explica Arias. “Lo imprevisible es cómo cada uno de los lectores va a reaccionar ante las instrucciones de la actividad”, expresa la performer y directora teatral argentina. Arias realiza intervenciones y obras de teatro con fuerte impronta social e histórica en el país y el mundo, trabajos que suelen ser reconocidos por degradar la línea entre ficción y realidad, y la necesidad de un espectador atento, activo, algunas veces incómodo pero siempre dispuesto a participar. “De alguna manera, lo imprevisible acá es la relación que cada uno tiene con la lectura: los protagonistas son los mismos lectores”, elabora acerca de Formas de caminar con un libro en la mano. La performance, que nació “a partir de la invitación del FILBA de hacer algo en la Biblioteca”, consiste en entregarle a cada asistente un libro cuyas páginas contienen unas 20 instrucciones: examinar determinada página con detenimiento, recorrer la Biblioteca con el libro en la cabeza, caminar por el depósito en el que se guardan todos los ejemplares del lugar —normalmente inaccesible para los visitantes— o tirarse en el pasto y encontrar nubes con formas de palabra, entre otras.

La particularidad de la performance es que consistió exclusivamente en moverse por un espacio público con un libro en la mano, tal como prometía su título, y que finalizó con el regalo del ejemplar a los participantes para cumplir con la promesa. “Elegí un lugar para tu libro nuevo. Puede ser la mesa de tu escritorio, o tu mesita de luz. Y antes de dormir, o mientras cocinás, o en el sillón podés volver a abrirlo. Pero no lo pongas aún en la biblioteca. Dejalo por ahí, al alcance de tu mano”, dice la última instrucción impresa en el papelito amarillo abrochado en una de las últimas hojas del libro. Pero el compromiso con la performance no fue sólo del público: en un tramo de Formas…, cuando se les indicaba a los asistentes que debían bajar por un ascensor al segundo subsuelo de la Biblioteca, los esperaban, adentro, Arias y Conti . Ella, al micrófono, leía fragmentos de Historia universal de la infamia, de Borges, texto que interrumpía con pedacitos de canciones; él, al teclado, ponía música a la lectura de su compañera. Ambos vestían de negro y evitaban encontrarse con las miradas de los asistentes, quienes —según las instrucciones— no debían dejar de leer.

“Uno puede trabajar sobre lo real, sobre lo que te rodea, sobre cómo nos relacionamos con el mundo y qué cosas vemos y no vemos a nuestro alrededor”, comenta Arias respecto de su forma de trabajo, que le exige la misma presencia y compromiso que al espectador.

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