La televisión de la Argentina y del mundo, sin igualdad de género

Por Joel Álvarez
Feliz. Viola Davis hizo historia en la última entrega de los premios Emmy, en 2016.
Feliz. Viola Davis hizo historia en la última entrega de los premios Emmy, en 2016.

El mundo atraviesa un momento de cambio. Un cambio de paradigma que pone a la mujer en el centro de la escena: la visibilidad que ganó en los últimos años la disparidad entre géneros y la violencia contra la mujer —una conciencia colectiva que en la Argentina despertó en parte gracias al movimiento #NiUnaMenos— es materia de análisis en cada aspecto de la vida cotidiana. La industria del entretenimiento, desde Hollywood hasta la telenovela local, es una de las más comprometidas en términos de igualdad y diversidad, tanto delante como detrás de cámara: no fue hasta 2016, por ejemplo, que una mujer afroamericana —la prestigiosa Viola Davis— ganó un premio Emmy en la categoría de actuación. Fue en la entrega número 68 de los premios.

Y si bien aumentan las películas y series protagonizadas por mujeres, que además se alejan del arquetipo mamá-lo-puede-todo o esposa dedicada (ejemplos sobran: The Handmaid’s Tale, Orange is the New Black, Girls, Unbreakable Kimmy Schmidt son sólo algunos que ofrecen las principales cadenas premium y servicios de streaming en los Estados Unidos), la labor del género femenino detrás de cámara lejos está de igualar la de los hombres. Mientras que la contratación de actrices de distintas etnias y edades en papeles protagónicos crece de a poco, los números de mujeres en puestos de guión, producción y dirección siguen en rojo. Esta tendencia se vuelve especialmente notoria en la industria televisiva por su propia naturaleza: es un terreno fértil que se abre a públicos más segmentados y un formato imbatible a la hora de trazar historias y desarrollar personajes. Es, también, un mercado en expansión —no por nada ésta es la denominada era del peak TV, cúspide televisiva— que produce actualmente 400 nuevas ficciones guionadas por año sólo en los Estados Unidos.

De más de 4.000 episodios de ficción producidos en la televisión norteamericana durante 2016, alrededor de 680 fueron dirigidos por mujeres. Sólo el 17%, según las estadísticas difundidas por la UCLA, la prestigiosa universidad californiana de la que egresaron directores de cine como Alexander Payne o Gore Verbinski. El mismo estudio, que tomó como muestra 299 nuevas series lanzadas el año pasado, arrojó otros resultados preocupantes: 57 contrataron mujeres para la dirección del 15% de sus episodios (en la tevé norteamericana de público masivo suele contratarse a un director o directora por episodio), mientras que otras 30 series fueron íntegramente dirigidas por varones. La otra cara de la moneda la representan sólo cuatro series (Being Mary Jane, The Game, Heartbeat y Zoe Ever After, poco conocidas por estas tierras), cuyos puestos de dirección estuvieron cubiertos en su totalidad por mujeres o minorías étnicas.

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En la Argentina, la situación es casi igual de dispareja. Con una industria televisiva nacional en crisis (la última víctima fue Fanny, la fan, tira diaria de Telefé que no resistió las dos semanas de emisión), que sólo se permite producir tres o cuatro telenovelas diarias por año en favor de producciones extranjeras más baratas, los puestos de dirección y producción ocupados por mujeres alcanzan números preocupantes.

«En primer lugar, hay un problema de ficción», señala Liliana Escliar, guionista de Mujeres asesinas (2005-2008) y Cuéntame cómo pasó (2017), respecto de la situación que atraviesa la televisión argentina en la actualidad. La ficción local ocupa sólo diez horas semanales en la pantalla chica. El resto de las horas en tevé se dividen en ficciones importadas —este es el caso de las telenovelas turcas o mexicanas que casi todos los canales de aire emiten en algún momento del día— y programas en vivo, de entretenimiento o de noticias, cuyos costos de realización son mucho más bajos. Para Escliar, la igualdad de género en la televisión permanecerá inalcanzable si esta situación no se revierte: «Cada año se produce menos contenido original en la Argentina. Con el problema de desigualdad de género detrás de cámara, la tele no es la excepción: replica lo que sucede en cualquier otro ámbito laboral», concluye.

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Con menos del 7% de puestos de dirección en ficción local ocupados por mujeres en lo que va del año, la igualdad de género parece una realidad distante para la industria y propone una hipótesis aún más preocupante: en la Argentina, los directores de tiras diarias y unitarios ostentan un mayor poder de decisión en el proceso creativo que sus colegas de todo el mundo. En la tevé norteamericana, por ejemplo, suele haber un director contratado por episodio y sus responsabilidades abarcan casi exclusivamente la parte técnica del capítulo. Aquí, tienen la capacidad de cortar un libreto o de manipular el argumento si lo desean. Casualmente, los puestos de dirección —es decir, los puestos de poder real— en la ficción local son los de menor porcentaje de contratación de mujeres. El número asciende un poco para todas las tareas de producción (aquí se incluyen varias categorías, como producción general, producción ejecutiva, asistencia de producción, etcétera), que ocupa el género femenino en un 30%. Según el muestreo, además, el canal con mayor porcentaje de contratación femenino en todos los puestos es Telefé, y la menor, El Trece.

Estrellas. Las tiras protagonizadas por elencos íntegramente femeninos son tendencia en el mundo.
Estrellas. Las tiras protagonizadas por elencos íntegramente femeninos son tendencia en el mundo.

«Creo que las mujeres fuertes están copando la pantalla porque ya caducó el arquetipo de Cenicienta que espera que el príncipe le salve la vida. También creo que las mujeres son las principales consumidoras de ficción», analiza Erika Halvorsen, autora de Amar después de amar, tira diaria que emitió Telefé durante la primera mitad de año. «Por otro lado, nuestro país tiene gran cantidad de guionistas mujeres, somos muchas y estamos en contacto permanente», continúa. Pero quizás no todas actualmente trabajen en el medio. Si se toman como muestra los unitarios y tiras diarias nacionales estrenados por canales de aire y de cable, tanto los ya emitidos como los que actualmente están en pantalla (se cuentan ADDA, Un gallo para Esculapio, El jardín de bronce, Las estrellas, Fanny, la fan, La fragilidad de los cuerpos y Cuéntame cómo pasó, entre otros), los resultados demuestran diferencias desproporcionadas en las principales categorías detrás de cámara. En términos de guión (aquí hay sólo dos categorías: autores de libreto y sus colaboradores), el 39% de las personas contratadas son mujeres. Para Halvorsen, todavía «hay mucho por ganar y en la ficción podemos reflejar conductas cotidianas de violencia machista que está bueno desmontar». Mientras escribía ADDA, la dramaturga y novelista —autora de El hilo rojo— pudo apreciar que «detrás de cámara, entre los técnicos, se juzgaba más al personaje de la mujer infiel que al del hombre infiel». 

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