La moda, ¿es arte?

Por Joel Álvarez / Fotos: Luciana Val y Franco Musso

Cada año, en mayo, el inicio de la temporada de la moda en Nueva York se celebra con una gran gala en el Museo Metropolitano de esa ciudad. La glamorosa velada es en los últimos tiempos trending topic en Twitter y uno de los eventos culturales del año. En 2012, Anna Wintour, editora jefa de la versión norteamericana de la revista Vogue  — voz pertinente si la hay—, en el discurso de apertura, dijo: “La moda es arte”. Así zanjó la discusión sobre la que no se ponen de acuerdo diseñadores, empresarios de la industria, críticos y teóricos: la moda, ¿es arte?  Lo fascinante de la declaración de Wintour es que ella, además de llevar adelante una publicación emblemática desde 1988 y tener amplia influencia en el mundo de los trajes y vestidos, es la figura que inspiró el personaje antagónico de la película El diablo viste a la moda (The Devil wears Prada, 2009). Ella, que curiosamente apareció en un producto estrenado en el marco de una industria que podría ser calificada como una forma de arte  — esa es otra discusión — , no tuvo reparos en reconocer a la moda como tal.

Se podrían escribir tesis y libros enteros únicamente para intentar entender qué significan “moda” y “arte” por separado. Quizás por eso sea impensable para algunos diseñadores de indumentaria, empresarios de la industria y periodistas especializados combinar ambos términos en una sola idea. ¿Qué sucede si mezclamos arte y moda? ¿Es la moda una forma de expresión artística? ¿Cuánto hay de arte en una colección otoño-invierno que se puede comprar en un shopping, en un vestido especialmente creado por un diseñador o en una campera vintage apilada entre cientos de prendas en una feria americana?

Más allá de la anécdota de Wintour, la historia de la relación entre ambos conceptos data de hace muchísimos años. Las pelucas y diseños de moda de Salvador Dalí (el artista español llegó a crear trajes de baño, chaquetas y sombreros), los cruces entre dibujos artísticos y prendas de diseño (por ejemplo, hay carteras Louis Vuitton que llevan impresas trabajos de artistas gráficos japoneses) o la intertextualidad directa entre una forma artística y la moda (como el clásico vestido Mondrian de Yves Saint Laurent) son sólo algunos ejemplos de ello. Claro que con ninguna de estas creaciones la pregunta se volvió más sencilla de responder, sino todo lo contrario. Por cada diseñador que afirma que la moda efectivamente es arte, hay por lo menos otro que refuta su teoría. En principio, las similitudes son obvias: tanto la moda como las piezas más tradicionales del arte son maneras de expresarse. La ropa que usamos todos los días es un modo de expresarnos, así como una pintura en un museo es el modo de expresarse del señor o la señora artista que la pintó. Las diferencias, por otro lado, son aún más evidentes: la moda también es una expresión pero práctica, porque nos vestimos a diario. Una obra de arte se exhibe en un museo o una galería y ese es su fin. Al mismo tiempo, es probable que toda la ropa que usemos no sea moda, ni todo lo que pueda definirse como moda sea arte.

Entonces, ¿cuándo la moda es arte y cuándo no? ¿Por qué? ¿Puede la moda, en primer lugar, ser arte? A continuación, cuatro especialistas comparten su visión al respecto.

Ana Torrejón

Periodista especializada

Para Torrejón, la exdirectora editorial de Harper’s Bazaar Argentina, antes que nada es fundamental tener en claro la definición de moda. “Cuando hablamos de moda, hablamos de un fenómeno compuesto, que tiene implicancias políticas, económicas, religiosas; y por qué no, de la expresión de la cultura de un pueblo. Nos vestimos por muchísimas más razones que por tener el cuerpo cubierto: escribimos una oración arriba de nuestro cuerpo cada mañana cuando elegimos qué ponernos”, explica. Torrejón es profesora de la Universidad de Palermo, para las carreras de Diseño de Indumentaria y Producción de Moda.

“Ahora, si la moda es arte, depende del sistema de convalidación”, elabora Torrejón. “Es decir, depende de las personas, las instituciones o las mayorías que decretan que eso es un hecho artístico. En cambio, si hablamos de la moda como hecho cultural, como lenguaje, como industria, como matriz de pensamiento, como transmisora de ideología –porque podemos decodificarla ideológicamente–, entonces, a veces es un hecho artístico y a veces no tiene esa necesidad”, concluye. 

Pablo Ramírez

Diseñador de indumentaria

Ramírez coincide en la necesidad de definir el campo semántico alrededor de la palabra «moda» antes de profundizar en el término y, en la mísma línea que Torrejón, señala que «cuando elegimos una prenda, elegimos quién queremos ser. Nadie se viste nada más que por necesidad». Respecto de la relación entre moda y arte, es conciso: “Si tengo que pensar que es un arte, es un arte aplicado; tiene que ver con eso”. Sin embargo, propone otro interrogante: “También tiene que ver con encontrar un qué. O sea, ¿es más artística una camisa blanca mía que una colgada en Zara?”, se pregunta.

Evangelina Pérez Vinaccia

Directora creativa de Complot

A cargo de una de las empresas con target joven más populares del país, la diseñadora de indumentaria y directora creativa Pérez Vinaccia profundiza en las influencias artísticas de los productos de la marca que dirige, Complot, y reflexiona sobre las diferencias entre moda y arte. “Complot es una marca que se ve más influenciada tal vez por la música y las diferentes tribus y subculturas, conceptos que atraviesan las temporadas y son el espíritu de la marca. Luego cada colección tiene afinidades que van variando, algún género musical en particular o algún movimiento cultural que hacen a la inspiración de una temporada en particular”, cuenta. “Algo similar sucede con el cine o algunos artistas con los que trabajamos, como por ejemplo la cápsula (una pequeña y específica colección dentro de otra) que hicimos con Basquiat”, dice en referencia a las prendas inspiradas en los trabajos del artista plástico Jean-Michel Basquiat, que Complot lanzó el año pasado. 

“No sé si llamar a la moda una forma de arte”, duda Vinaccia. “Sí me parece que es claramente una forma de expresión y ahí es donde se encuentran ambos conceptos. Lo que me parece también es que la moda hoy en día tiende a la personalización y eso ayuda a que cada individuo pueda crear su propio mundo.»

Vanesa Krongold

Diseñadora de indumentaria

Desde lo exhibido en su showroom en Chacarita hasta lo que presentó en el London Fashion Week en 2013, el trabajo vanguardista y diferente de Krongold la convierte en candidata ideal para ahondar sobre la relación entre arte y moda. “La relación entre ambas parte desde lo estético: la mezcla de colores y sensaciones que tanto una obra de arte como una prenda te pueden hacer sentir. La diferencia es que la prenda vas a usarla y la obra de arte no.” Krongold tiene su propia línea independiente de diseño (con especial dedicación a las prendas unisex), pero además en mayo pasado lanzó junto a Complot una colección cápsula que reúne mucho de sus influencias artísticas y de la marca. «Es una colección que busca explorar mis recuerdos y sueños adolescentes a través de colores, texturas, bordados y plisados», explica.

Foto: Complot by Krongold de Luciana Val & Franco Musso
La diseñadora independiente Krongold colaboró este año con Complot.

Y al igual que Torrejón y Ramírez, Krongold ensaya su propia definición de moda: “Es una herramienta cultural para la sociedad. Puede determinar varios aspectos de ella, como estatus y época. Y, desde ya, potenciar el camino expresivo de cada individuo. La moda tiene ese aspecto maravilloso de crear algo nuevo, y que busca sorprender y contar historias. Y allí puede relacionarse con el arte”.

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