La indecencia y el arte de Carlos Motta

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Por Lola Schenone 

El sonido de las cuerdas que se ajustan alrededor de los pies de Carlos Motta genera una angustia de esas que requieren una bolsa de papel frente a la boca para regular la respiración. Se escuchan gemidos. Las imágenes son fuertes, dolorosas, y al mismo tiempo, atractivas. La performance El invertido realizada en Italia en junio de 2016 es la tercera parte de la instalación de video que se puede visitar en el MALBA hasta el 19 de febrero. Por esta obra, Motta fue galardonado con el premio Vilcek a la Promesa Creativa en las Artes, que entrega anualmente la Fundación Vilcek a inmigrantes que se destacan por sus aportes a la ciencia y la cultura de los Estados Unidos. Su intalación está acompañada por la interpretación de Libera me, parte del Réquiem del compositor francés Gabriel Fauré en la voz del cantante italiano Ernesto Tomasini, y por El fin de la crucifixión, una conferencia dictada por la teóloga feminista queer Linn Tonstad, quien además participó del Simposio La Internacional Cuir, La indecencia y el futuro de la teología.

El proyecto Réquiem aborda la relación entre la Iglesia Católica y las sexualidades disidentes. Considerando su persistente política de exclusión para con esos grupos, ¿es posible una apertura o es mejor pensar directamente en borrar todo y empezar de nuevo? La teología queer interpela la realidad de la bisexualidad, del transgénero y de la transexualidad por considerar que la sexualidad está “en movimiento” y deconstruye la “idolatría” del matrimonio, de las identidades sexuales y de la categoría de Dios. La teóloga argentina Marcella Althaus-Reid (1952-2009) en su Teología indecente se propone superar la lógica binaria de las teologías sexuales, mostrando que “el camino de la teología no es el de la continuidad sino el del no-conformismo”.

Motta es un artista colombiano, hace 18 años que vive en Nueva York y se ha dedicado siempre a proyectos relacionados con la historia política de la humanidad y su relación con la cultura queer en el mundo, buscando siempre crear narrativas que logren articular posiciones diferentes frente a la injusticia social.

-¿Se puede concebir este proyecto sin las charlas?

-Son dos proyectos complementarios, pero independientes. Una persona que no esté para las charlas igualmente va a tener una experiencia completa de la instalación.

Réquiem es un proyecto que se da en dos lugares distintos. ¿Por qué? ¿Por qué estos dos lugares?

-La idea nació a partir de una invitación de Dello Scompiglio para hacer una performance. Yo ya sabía que tenía esta exposición programada pero todavía no tenía muy claro qué iba a hacer. Entonces en conversación con Eugenio (Viola), el curador de allá, y Agustín (Pérez Rubio), el curador de acá, pensé que podía ser una buena oportunidad para que fuese una coproducción económica y conceptual también para desarrollar los dos proyectos. ¿Por qué? Porque  el contexto de Italia era un festival de performance y podíamos documentarla para presentarla en la instalación acá.

-En sus proyectos utiliza diferentes medios: performances, video, instalaciones, fotografía, escultura. ¿Hay alguno con el que se sienta más cómodo?

-Nunca me he caracterizado como un artista de un medio específico, es más lo que requiere la idea. En el caso de la performance, se requiere el cuerpo, entonces me entrené para hacerlo; y en el caso del video, en el que se maneja un mensaje de medio audiovisual, hacer eso. Pero hago mucho más videos que performances, hay cosas que hago más que otras.

-¿Por qué la elección del Réquiem de Fauré para la performance de Tomasini?

–Es una cuestión estética. El Libera Me de Fauré es una pieza que siempre me ha cautivado por su música, por la manera como fue representada y también por lo que está diciendo. No todos los réquiems tienen esa parte, el Libera Me. Era ese en específico al que quería hacer referencia.

-Althaus-Reid propone en “teología indecente”, una nueva teología que incluya a aquellos que se han visto ignorados de la historia por “indecentes”. Una de las preguntas de su planteo para Réquiem es ¿cómo sería la influencia de una reforma real de la doctrina católica, una doctrina que considere las vidas de aquellos que fueron tradicionalmente excluidos por su orientación sexual? ¿Se puede creer realmente en una reforma así a nivel religioso o es utópico?

-Uno de los postulados que hace Linn Tonstad en el segundo video del proyecto que se llama El fin de la crucifixión es el retomar la idea de lo imposible como un destino, como una misión. Pensar que las políticas queer, las políticas de sexualidad de género más transgresoras deberían dirigirse hacia lo imposible como finalidad, ya que lo imposible representa un cambio realmente radical del sistema. El acomodarse a las estructuras existentes puede tener repercusiones a corto plazo pero no realmente una repercusión radical que pudiera cambiar las vidas de las personas de una forma concreta. Entonces, utópico sí es, imposible tal vez también, pero uno debe luchar por las cosas que quiere conseguir.

-En Fluid states of America (Exposición MOMA, 2015) habló del acercamiento moderado del movimiento LGBT a los cambios sociales, a sus derechos (la conformidad frente a los valores, la moralidad y las normas que hay que seguir) y mencionó que a la “crítica radical” se la deja de lado. Habla de “otra construcción capitalista”, ¿cómo es eso?

-El contexto de esa charla era más para pensar en la fluidez de género. Lo que argumentaba era que ese deseo de pensar en un género fluido muchas veces corresponde también a ciertos privilegios sociales que ciertas personas tienen, y cómo ese privilegio es también una construcción capitalista, es decir que para poder pensar realmente hay que acercarse a ciertos espacios que son fundamentalmente catastróficos, como es por ejemplo la vida de las personas negras en las prisiones en los Estados Unidos. ¿Cómo se puede pensar en una fluidez de género en un contexto que está completamente sobredeterminado por el binario de género? Los prisioneros hombres acá, las prisioneras mujeres acá. Es como pensar en que si no se reforman esas estructuras, el hablar en estos términos de fluidez o de navegar de un género a otro, resulta un poco un privilegio al cual solamente tienen acceso unas personas y las otras continúan siendo excluidas.

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Réquiem mundo invertido

-Cuando hizo el proyecto Brief history of interventions by the U.S in Latinamerica decía que “la construcción de la historia es un proceso arbitrario condicionado y motivado por aquellos en el poder”. ¿Cuánta de la historia del mundo queer ha sido reconstruida y o directamente borrada por aquellos en el poder?

-Toda. La historia de la sexualidad es una historia en construcción, de la cual solamente hay fragmentos a partir de los cuales se han construido interpretaciones, pero algo que tenemos claro es que ha habido una eliminación sistemática de todo lo que se ha considerado indecente, o inmoral. En el contexto latinoamericano de la conquista, todos los objetos que representaban relaciones homoeróticas, fueran rituales, o basadas en el placer, o lo que fuera, fueron destruidas. Quedan muy pocas cosas, muy pocos materiales para entender realmente las relaciones homoeróticas y el contexto en el que se produjeron. Lo que tenemos son deseos de construir historias y la posibilidad de construirlas a partir de cómo podemos cambiar las cosas al futuro, pero la historia en sí, pienso que ya ha sido sesgada por unas exclusiones violentas y determinadas.

-Ha dicho que el mundo del arte es homofóbico, sexista y discriminatorio. ¿Cómo se lleva esto con el tema de su obra?

-Hay secciones y aspectos del mundo del arte que son definitivamente así. Sobre todo el mercado, por ejemplo, y las construcciones históricas más grandes, pero yo pienso que en las últimas décadas ha habido una serie de intentos institucionales e individuales por reformar este tipo de construcción de narrativas con esas perspectivas. Pienso que lo que ha hecho Agustín (Pérez Rubio) en MALBA es muchísimo, se está dando espacio a mujeres feministas, a discursos queer, etc. Tener una plataforma tan mainstream  como puede ser este museo en Buenos Aires donde el público es muy amplio, tanto de turistas como de personas locales, me hace pensar que hay instituciones, artistas, espacios independientes que están cambiando esos paradigmas de exclusión, pero en esencia sigue siendo así.

-Mondo Invertito evoca el reverso, el otro lado de la visión del mundo y sus normas. Al mismo tiempo un invertido es un homosexual, o queer. También está basado en La crucifixión de San Pedro de Caravaggio en la que San Pedro es crucificado cabeza abajo. Quien ve la performance puede interpretar diferentes cosas. Si hay un mensaje que usted quiera transmitir, ¿cuál es?

-Al público se le está dando un marco conceptual bastante claro con el texto curatorial, con el cuidado de la imagen, con el recorrido de los tres videos, tiene acceso a todas esas cosas. Con ese video específicamente también hay ciertas cosas que se han mencionado, por ejemplo la referencia a la pintura de Caravaggio, lo cual sitúa esto en relación a un pintor homosexual en esa época. La historia de San Pedro, la idea del invertido, digamos que hay muchos elementos que han sido dados pero no necesariamente digeridos. Ahora, qué se llevan las personas independientes que están viéndolo depende de su experiencia, de su conocimiento y de su interés. Pero sí es una acción bastante llamativa. Hay una inversión que es obviamente dolorosa y al mismo tiempo de placer. Naturalmente la construcción estética de la escena, con la manera como están vestidos los dos señores que están haciendo el bondage lo sitúa dentro de ese otro contexto. Pienso que hay muchos elementos que la gente tiene que articular por sí misma, no están tan claros como pueden estar en el discurso de Linn Tonstad.

-Por último, si bien vive en Nueva York hace muchos años, ¿tiene alguna opinión respecto del proceso de paz en Colombia?

-El proceso de paz fue un gran logro que no es la primera vez que se intenta. Lo realmente terrible es que haya una alianza de la derecha radical con los grupos conservadores, liderados por el ex Presidente Álvaro Uribe para deshacer por intereses políticos, pero también por unos moralismos conservadores ridículos, un proceso tan importante para el país por un miedo a transformar la sociedad. Hay algo muy importante que se relaciona a la sexualidad de género que no se ha discutido mucho. Hubo un caso muy importante en el que la Ministra de Educación Gina Parody propuso una reforma a las cartillas de educación nacionales para que se enseñe a no discriminar por orientación sexual o identidad de género. De eso se colgaron las Iglesias evangélicas y las personas de ultraderecha, además de la discusión de la adopción por parejas del mismo sexo. Entonces hubo una gran parte de la construcción de la campaña del NO que era por el miedo a las posibles transformaciones de la sociedad que se podrían haber asociado a la campaña del SÍ. De alguna forma otra vez la sexualidad del género fue “responsable”. Nada es separado, pero no puede ser que el acuerdo de paz que la gente rechazó en el referendum, cayera por el miedo de dos sacerdotes y tres señoras conservadoras de que los homosexuales adoptasen hijos. Es muy triste lo que pasó pero pienso que el Nobel de Paz le dio un impulso para cambiarlo un poco y que lo aprobase el Congreso, sin que la gente tuviera que hablar. Los plebiscitos realmente han demostrado ser muy poco democráticos.

Ficha técnica:

Réquiem

14.10.2016— 19.02.2017

Curador: Agustín Pérez Rubio

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires

Av. Figueroa Alcorta 3415

Sala 1. Nivel -1

Horarios: Jueves a lunes: 12:00 a 20:00. / Miércoles: 12:00 a 21:00. / Martes: cerrado. / Feriados: museo abierto de 12 a 20, excepto los días martes.

Entradas: General: $100  / Estudiantes, docentes y jubilados acreditados: $50 / Menores de 5 años: sin cargo / Personas con discapacidad: sin cargo. / Miércoles: general: $50; estudiantes, docentes y jubilados con acreditación: sin cargo.


 

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