José Martínez Suárez: «Ésta va a ser la mejor edición del Festival de Mar del Plata»

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Por Micaela Padrón y Nicolás Mancini

Se acerca el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Del 18 al 27 de noviembre la ciudad balnearia se llenará de cinéfilos y otras especies. La historia de la fiesta del cine en Argentina comenzó en 1954, cuando el presidente Juan Domingo Perón, inauguró un festival en tierras marplatenses. Con interrupciones por causas políticas, el encuentro llega este año a su edición número 31.

El director, guionista y productor de cine José Martínez Suárez, hermano de Mirtha Legrand, asumió la dirección del festival en 2008. En más de 70 años de carrera dedicada al cine, participó en películas que quedaron marcadas en la historia de la industria nacional. Dirigió El crack (1960), Dar la cara (1962), Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976) -que fue preseleccionada para competir en los Oscar- y  escribió La Mary (1974), filme en el que actuaron Susana Giménez y el boxeador Carlos Monzón, entre otros.

Muchos años de su vida los dedicó a la docencia. Entre sus alumnos destacados se encuentran Juan José Campanella, Lucrecia Martel , Gustavo Taretto y Rodrigo Grande. Actualmente dedica todo su tiempo al festival, y cuando no lo hace siente que está haciendo algo mal. La edición que se viene genera expectativas: «Esta va a ser la mejor, al público le va a encantar».

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Martínez Suárez junto a su hermana Mirtha Legrand y el actor Oscar Martínez, protagonista de El ciudadano ilustre.

-¿Cuál es la importancia del festival?

-El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata está considerado entre los trece principales del mundo porque es de Clase A (certificado por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films, FIAPF). Por eso debemos considerarlo y cuidarlo. Ser clase A es una distinción muy importante que le han hecho a nuestro cine, a nuestra industria y a nuestras películas.

-¿Y cuál es su relevancia en Latinoamérica?

-Es una importancia relativa porque, afortunadamente, en América latina se están haciendo muy buenas películas. Países que en otros años no destacaban por su labor, como Perú, Paraguay, Bolivia o Ecuador, hoy se convirtieron en grandes productores, lo cual es hermoso porque demuestra que América latina también tiene su gente capacitada para intervenir en los Oscar, e incluso ganarlos. Un ejemplo es Oscar Martínez, que en el Festival de Venecia acaba de ganar en la categoría Mejor Actor por El ciudadano ilustre.

«Mi rol preferido es el de guionista, me gusta mucho escribir»

-¿Cómo llegó a ser director del festival?

-La gente del Instituto (INCAA) me vino a ver a casa. Yo no sabía a qué se debía que alguien que se llamaba Jorge Álvarez, el director en ese momento, no me citara, cosa que en general ocurre. Entonces me preguntó: “José, ¿Puedo pasar a verlo?”, y yo le dije: “Sí, cómo no”. Entonces vino y me ofertó la dirección del festival. Le pregunté si no se había equivocado de piso, aunque era difícil porque yo no tenía conocimiento de que en el edificio hubiera otro director de cine. Entonces le dije: “Bueno, ¿qué le parece si probamos por dos o tres meses?”. Y nos llevamos muy bien, como nos llevamos con los siguientes directores del Instituto.

-¿Cuántas películas mira para el festival?

-Más o menos 1.000, un montón, pero es necesario. Es como preguntarle a un albañil cuántos ladrillos pone por año. Es cuestión del trabajo que uno ejerce, para eso está. Y si no le gusta que se vaya a trabajar de camionero y haga Buenos Aires-Ushuaia o Buenos Aires–Misiones. La suerte del hombre está en trabajar de lo que le guste. A mí me encanta lo que hago y para el festival trabajo mucho. Para trabajar bien hay que hacerlo 25 horas por día, en lugar de 24. No hay nada más triste que hacer un trabajo que cueste mucho sudor, transpiración y dolores para que después pase desapercibido. Conseguimos un trabajo de calidad que el espectador va a agradecer.

«Quien hace un corto bueno es capaz de hacer un largo bueno.»

-Ganó muchos premios como profesional y en la edición nº 21 del Festival de Mar del Plata hubo una retrospectiva suya. ¿Cómo analiza su carrera?

-La verdad es que yo trabajo para el cine, no para ganar dinero ni premios. Las películas habrán salido bien, hay algunas mejores que otras. Yo creo que es el reconocimiento a la persistencia, hace ya más de 70 años que estoy trabajando en cine. Recibí muchos premios, algunos merecidos y otros no tanto, pero todos bienvenidos porque se hicieron con buena voluntad. Yo no procuré conseguir ninguno, nunca hice una charla relacionada con eso. No busco premios, busco buenas películas, mías o de los demás colegas. Me pone feliz cuando veo una película que es buena, me regocija.

-Una vez que empezó a dedicarse al cine nunca lo abandonó, ya sea como director, como guionista, como maestro o como director del festival. ¿Cuál es su rol preferido?

-Es verdad, ya van 73 años y me apasiona. Mi rol preferido es el de guionista: me gusta mucho escribir y leer, es un placer para mí escribir un texto, desarrollarlo, verificar los escenarios, los personajes y las situaciones. Es uno de los placeres que tengo.

-¿Cómo ve el cine argentino actual?

-Lo veo muy bien. Advertí una cosa que comentaba el otro día con Alejandro Cacetta, que está al frente del Instituto: la importancia que se le tiene que dar al cortometraje. Porque si hacemos una verificación sobre los buenos realizadores de largometrajes hoy en día, vemos que todos vienen del corto: Juan José Campanella, Juan Taratuto, Gustavo Taretto, Carlos Sorín. Tenemos que darle mucha importancia al corto porque es la antesala del largo. Estoy absolutamente convencido de que quien hace un corto bueno es capaz de hacer un largo bueno, poniendo ocho veces más esfuerzo porque lleva ocho actos más y es necesario trabajar en base a esa longitud. Pero estoy seguro de que son capaces de hacerlo y lo han demostrado. En el Festival de Mar del Plata siempre le damos mucha importancia a los cortos, este año la selección es muy buena.

-¿ Y el cine latinoamericano?

-Me gusta mucho el cine uruguayo, cada vez que aparece me gusta. Aquella Whisky (2004) es inolvidable; la chilena El club, del año pasado, es increíblemente buena; la paraguaya 7 cajas (2012) tiene una gran historia; El abrazo de la serpiente (2015) de Venezuela, Colombia y Argentina también es muy buena. Son todas películas de gran calidad. En el festival mostramos orgullosos el material que se registró en la sección de cine latinoamericano. Estamos ubicándonos muy bien dentro del concierto mundial. Los Oscar que ganamos no son poco, así como también el respeto con el que se trata al cine argentino cuando se mandan filmes para que se estudien a ver si tienen el nivel suficiente como para ser exhibidas en festivales. A nosotros nos llegaron alrededor de 3.200 películas, de las cuales seleccionamos aproximadamente 400. Tenemos una selección de lujo.

Las imperdibles

Según Martínez Suárez, una de las dos películas que hay que ver sí o sí en el festival que se viene es Mujeres que trabajan (1938), sexto filme de Manuel Romero, director de El hincha (1951). Se proyectará una copia nueva que tiene como particularidad el debut cinematográfico de Niní Marshall. “Se trata de una de las películas más notables y emblemáticas que se rodaron en los Estudios Lumiton, que quedaban en Munro, Provincia de Buenos aires.  De esto se encargó la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina (AACCA) en los tiempos que la manejaba Juan José Campanella, mi querido amigo y un director excepcional. Están recuperando las viejas películas en mal estado y haciendo un trabajo cuadro por cuadro para que una copia quede como si fuera copia de estreno”, asegura el director. La otra es El caballo de hierro (1924), realizada por John Ford. Tendrá música en vivo con la partitura original, dirigida por la orquesta sinfónica de Mar del Plata. “Será un espectáculo notable”, dice. Mujeres que trabajan se proyectará el 21 a las 17.40 en Cines Del paseo (Diagonal Pueyrredón 3058) y El caballo de hierro los días 19 y 20 a las 20.30 en el Teatro Colón (Hipólito Yrigoyen 1665).

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Mecha Ortíz y Tito Lusiardo acompañan a Niní Marshall en la comedia Mujeres que trabajan. El caballo de hierro es una de las primeras películas del director de La diligencia y Un tiro en la noche.

Una de las competencias que recomienda es la de cortometrajes latinoamericanos. En ella se exhibirán Aire quemado, Ascención, Coger un monstruo, La madre de las madres, Los aeronautas, Los tomates de Carmelo y Pulso. Otra sección que destaca es Film noir. “Me gusta mucho el cine negro norteamericano. Es maravillosa la selección que hizo Martín Peña, el director artístico del festival”. Entre los filmes seleccionados se encuentran ¿Angel o demonio?, de Otto Preminger; Pánico en las calles, de Elia Kazan, y Devoción de mujer, de John Sturges. La competencia oficial también es de su interés. “Sobre todo me gusta que el 43,3% de las películas son latinoamericanas”. Aparecen filmes seleccionados de otros festivales de Clase A, como Venecia y Cannes. Kékszakállú, Paradise, Nocturama y El futuro perfecto son algunas de las promesas de las diferentes competencias (Internacional, Argentina y Latinoamericana).

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