Internet y literatura: una relación posible

Por Lucio Frascini

La era digital impactó en todos los sectores de la sociedad, entre ellos, en el rubro editorial. La masividad que alcanzó internet generó cambios en los requerimientos del público, tanto en textos de ficción como de no-ficción, y generó la pregunta sobre el futuro del libro. Aquí, la opinión de autores y editores que ven impactos positivos y negativos, pero no le atribuyen una incidencia directa en la actual crisis de la industria en la Argentina. 

Diego Golombek
Diego Golombek es docente en la Universidad Nacional de Quilmes e investigador superior del CONICET.

El escritor y científico Diego Golombek argumenta que el libro es un sobreviviente de la tecnología. “No creo que el consumo de libros esté en retroceso, aún es una herramienta analógica poderosísima”, dice el biólogo. “Al principio, en la industria hubo ciertos resquemores con la aparición de los libros online, los editores se alarmaron y armaron nuevos contratos con copyrights diferentes, pero con el paso del tiempo se demostró que la venta del libro físico seguía igual”, cuenta el científico. Los autores firman un contrato dual: uno para el libro en papel y otro para el digital, ambos caminos corren por su cuenta y no se contraponen; se complementan. La escritora Laura Ponce adhiere a Golombek: “La posibilidad de los textos en digital sirve para la difusión y mejora el escenario del mercado en papel, sobre todo en publicaciones independientes”.

Esteban Nishizaka, diseñador gráfico de Editorial Dunken, manifiesta que, más allá de la aparición del libro digital, mucha gente sigue eligiendo el libro impreso. “La sensación de tener cada libro en la mano es muy diferente a la de un aparato electrónico, es incomparable”, comenta. A pesar de eso, Nishizaka no niega que las formas de consumir literatura han cambiado, y que también hay muchas personas que eligen leer mediante smart-phones o tablets.

Laura Ponce se aboca a la ciencia ficción y el género fantástico.
Laura Ponce se aboca a la ciencia ficción y el género fantástico.

Por otro lado, la llegada de internet, según los autores, generó en el público el aburrimiento rápido y la necesidad de que todo sea más efímero. La aparición de plataformas digitales como Netflix, dicen, alejan a los usuarios las prácticas de lectura tradicional. Además de que ver una película lleva menos tiempo que leer una novela, el streaming ofrece un amplio abanico de posibilidades muy específicas. “Se generó el deseo de la inmediatez. Mientras estás consumiendo algo, ya estás pensando en qué vas a ver después. Luchar contra eso es una ardua tarea”, plantea Laura Ponce, escritora identificada con el género fantástico.

Germán Echeverría, director de la Editorial Autores de Argentina, cuenta que la intervención de internet en el mundo editorial fue una gran ayuda para ampliar los públicos. “Nos permitió llegar a muchísimos lectores de distintos países”, relata y sigue: “Antes, con el libro en papel era muy difícil para las editoriales independientes conquistar otros mercados, todo quedaba acotado a las grandes ciudades de la Argentina”.

Otra consecuencia del avance tecnológico en la industria del libro es que hoy el público pide escritos más breves y concretos. Las redes sociales, donde reinan los textos escuetos y concisos, hicieron que la gente se acostumbre a escritos poco elaborados. “Se generaron nuevos formatos en la escritura a partir de esa realidad”, analiza Golombek y sigue: “Pero tiene una parte positiva: nos obliga a ser absolutamente específicos y rigurosos, y es una práctica que antes no teníamos. Lo que antes contabas en diez páginas, ahora lo tenés que contar en 140 caracteres”, remata. Echeverría, por su parte, afirma que los jóvenes no piden textos más simples, sino que depende del formato: “Uno no espera el mismo estilo de escritos en redes sociales que en un libro de 500 páginas”.

La periodista y escritora mexicana Cecilia González reivindica las redes sociales y las define como una herramienta para los escritores: “Dieron la posibilidad de comunicación entre el público y el autor, y es una retroalimentación muy rica para quienes publicamos”.

Germán Echeverría
Germán Echeverría dirige la Editorial Autores de Argentina desde 2008.

Otra novedad que acarreó el advenimiento de internet son las fan-fictions, historias basadas en sagas o novelas famosas escritas por fanáticos y publicadas en la red. Germán Echeverría asegura que el fenómeno favoreció a la industria. “Me parece que es bueno, en algunos casos es un comienzo para los escritores, para poder encontrar su estilo y su voz. Y aparte también le sirve a la industria, les da visibilidad a los libros y otorga una mirada distinta, lo cual está bueno”, argumenta el editor.

 

Los cambios en la industria editorial a partir de internet no fueron, al menos para los consultados en esta nota, negativos. La circulación de libros se democratizó, afirman, y hoy pueden acceder a la lectura muchas más personas que veinte años atrás.

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