«Iniciativa 2025»: el plan hacia la diversidad en los Oscars

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Por Milagros Vallejos Soto

En la última entrega de los premios más importantes del cine, toda la industria se revolucionó con la victoria de “Parasite”, la producción surcoreana que ganó como “mejor película”. Desde 2015, cuando la falta de representación de grupos étnicos en los actores y actrices nominados disparó la protesta “Oscars all white”, que la Academia busca actualizarse con los parámetros y valores que rigen hoy en día. Sin embargo, no hay dudas de que se trata de un proceso al que todavía le falta mucho. A principios de septiembre, la institución anunció la “Iniciativa 2025”, la que sus propios directores describieron como “el mayor desafío de nuestra historia para crear una comunidad más igualitaria e inclusiva”.

En conjunto con los productores DeVon Franklin y Jim Gianopoulos, la Academia impuso una serie de normas que regirán para las películas estrenadas a partir del 2024 y que sólo se tendrán en cuenta para calificar a la categoría de “mejor película”. La misma se basa en la lista que ya aprobó la academia británica, responsable de los premios BAFTA. Según el comunicado oficial, el objetivo principal es exigir ciertas condiciones a los largometrajes que quieran presentarse a la terna para “reflejar mejor la diversidad del público del cine».

Si bien a primera vista los requisitos parecen estrictos en su fin, hay varias «aclaraciones» que indican que el filtro no va a ser tan drástico. La Academia propone cuatro condiciones, de las que sólo se exige cumplir con dos para poder entrar a la categoría de «mejor película». La primera, y probablemente la más polémica, regula la temática a tratar y el grado de representación en pantalla. Para respetarla, hay que cumplir al menos una de las siguientes tres opciones:
Por lo menos uno de los actores principales o intérpretes secundarios de cierta relevancia deberá pertenecer a un grupo étnico no blanco.
Como mínimo un 30% de los actores secundarios o con papeles menores deberán ser mujeres, de alguna etnia minoritaria, personas LGBTI+ o con discapacidad física.
El tema de la película deberá centrarse en uno de esos grupos mencionados.

Por otro lado, si la trama no cumple con los requisitos de representación en pantalla, de todas formas puede calificar si lo hace con al menos dos de las condiciones restantes que respectan al detrás de cámara:
Como mínimo, dos jefes de departamento o puestos de liderazgo creativo deberán ser mujeres, pertenecer a una etnia poco representada, personas LGBTI+ o personas con discapacidad física, cognitiva o auditiva. Sino, por lo menos seis otros miembros del equipo o con encargos técnicos deberán ser de un grupo étnico minoritario. Otra posibilidad es que el equipo de rodaje esté conformado por un 30% que pertenezca a alguno de los mismos grupos que se exigen para los puestos de jefe de departamento.

Las empresas que financien o distribuyan las películas deben haber pagado becas o prácticas y ofrecer oportunidades de entrenamiento y desarrollo de habilidades a personas procedentes de uno de los siguientes grupos: mujeres, una etnia poco representada, personas LGBTI+, personas con discapacidad física, cognitiva o auditiva. Los grandes estudios y distribuidores de películas deberán tener prácticas pagadas, recurrentes e inclusivas de colectivos infrarrepresentados en por lo menos uno de los departamentos siguientes: Preproducción, Producción, Posproducción, Música, Efectos Especiales, Adquisición, Administración, Distribución, Marketing y Publicidad. Mientras tanto, a los estudios y distribuidores más pequeños e independientes se les requerirá como mínimo dos becarios que sean de los grupos ya mencionados y que por lo menos uno esté en uno de los departamentos dichos.

El estudio deberá contar con varios puestos altos ejecutivos en sus equipos de marketing, publicidad o distribución que estén ocupados por una mujer, una etnia poco representada, personas LGBTI+ o personas con alguna discapacidad física, cognitiva o auditiva.

Mientras tanto, de 2015 a 2020 hubo algunos avances en la diversidad de los miembros de La Academia. Dentro del cuerpo de votantes, el número de mujeres pasó del 25% al 33% y el de académicos no blancos del 10% al 19%. Además, podría decirse que se han esforzado por tener un enfoque más internacional con el fin de convertir a la ceremonia en un evento global, que no sea sólo norteamericano. En el último tiempo, admitió 819 miembros nuevos de 68 países. Por más de que parezca un gesto generoso de La Academia, no hay que olvidar que también se trata de una estrategia para expandir su público y no hundirse en lo específico. Probablemente estas normas causen más impacto ahora que eventualmente cuando sean aplicadas, pero eso sólo lo podrá decir el tiempo.

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