Habrá “El Marginal” en 2018

Por Santiago Tami Arias

Se viene la segunda temporada de El Marginal en 2018. La primera se emitió por la televisión pública el año pasado. Los futuros episodios estarán basados en uno de los protagonistas de la temporada 2016: Diosito, el personaje interpretado por el actor uruguayo Nicolás Furtado. Así lo confirmó Pablo Culell, director de Underground, productora de la serie. En declaraciones a primiciasya.com, Culell adelantó que se va a contar cómo hicieron los hermanos Borges (Diosito y Mario Borges, encarnado por Claudio Rissi) para lograr el dominio de la unidad penal, algo que forma parte importante de la primera temporada, porque Pastor, el personaje protagónico de Juan Minujín, termina trabajando para ellos.

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Nicolás Furtado (Diosito) fue quien anunció en las redes sociales la realización de una segunda temporada

 

Lilian Beriro, directora de Contenidos y Adquisiciones de Qubit.tv, sostiene que las historias carcelarias siempre llamaron la atención en las pantallas nacionales. Según su visión, “es una caracterización cultural y sociológica muy puntual de las dinámicas que suceden en la misma Argentina y que aparte lo hacen con un lenguaje muy local”. Sobre la repercusión de El Marginal, Beriro sostiene: “Es un buen producto, está bien actuado, es de bajo costo, y además tiene un muy buen boca a boca, por eso tiene una gran promoción en las redes sociales. Eso facilita que al público le lleguen las historias, los personajes y los escenarios. De todas formas, más allá de cuánta gente la vea, ya estar en Netflix te da mucha prensa y mucho prestigio, principalmente por la internacionalidad”. Esas dinámicas, expresa, “son el consumo y tráfico de droga en las cárceles, la prostitución, la violencia de género, la mafia y corrupción en la policía, y hasta en los mismos gobiernos, todos temas rupturistas y sórdidos de la sociedad actual, que ayudan a establecer una visión crítica”. Para Beriro, “son puntos que le interesan a la gente, por eso funcionan tan bien, tanto acá como en toda Latinoamérica y en una gran parte de Europa, tanto de occidente como del este; aunque de ese lado del mundo está más vinculado con la trata de personas y con la inmigración”. 

 

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Martina Gusman, Brian Buley, Claudio Rissi, Juan Minujín y Gerardo Romano, protagonistas de El Marginal en su primera temporada.

 

No es la primera vez que en la televisión argentina se realizan contenidos con temática carcelaria. Aunque no transcurría en una prisión, la historia de El Puntero (2011), protagonizada por Rodrigo De La Serna tenía puntos en común con El Marginal. El éxito, en palabras de Beriro, tiene que ver con que “el personaje principal era un wachiturro, una persona de bajos recursos que protagonizaba una historia de gente joven que vive en las villas, en los barrios marginales. Todo este mundo de la droga y la delincuencia aparecía plasmado en cada escena, era parte de la vida cotidiana. Por eso son temas muy bien elegidos que en estos casos estuvieron bien tratados, producidos e interpretados”. En la línea de retratar la realidad dentro de una unidad penal, Caetano y Ortega habían hecho Tumberos en 2002, que ya mostraba cómo funcionaba el sistema carcelario, “esa mafia interna, y mezclaba una vida ajena a la cárcel, la del protagonista, con la vida transcurrida casi en su totalidad tras las rejas, que era la de los demás internos”. Para a directora de Contenidos y Adquisiciones de Qubit.tv, “ahí uno se da cuenta de que el atractivo social generalizado por el universo del encierro, de la droga y de la delincuencia no caduca”.

 

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Este fue el comienzo del primer capítulo de Tumberos. La superpoblación ya era una problemática dentro del universo carcelario.

 

Beriro enumera los antecedentes en Argentina en el mundo del cine respecto del concepto de encierro. Por un lado, la película de 1977 dirigida por Enrique Carreras, Las locas, protagonizada por Mercedes Carreras junto a Leonor Manso y Leonor Benedetto, que transcurría en un hospital psiquiátrico para mujeres. “Es una película que con el tiempo se dejó de hablar, pero no era común en esa época ver mujeres encerradas en un lugar, sea una cárcel o un hospital”. En 1975, Marilina Ross protagonizaba La Raulito, dirigida por Lautaro Murúa, una biografía de una ladrona que se destacó por hacerse pasar por varón en la barra brava de Boca, donde se mostraban escenas impactantes en un hospital de salud mental y en una cárcel. Beriro especifica que, más allá de ambos contenidos, era notoria la dureza de lo que se veía “porque había mujeres implicadas; es difícil entenderlo ahora, pero por aquella época era más chocante”.

 

Sobre el futuro, Beriro cuenta que se está preparando una película biográfica de Robledo Puch, aunque no se sabe si su vida criminal o su estadía perpetua en la cárcel”. Para ella, una de las mejores películas del cine argentino es Hombre mirando al sudeste, dirigida por Eliseo Subiela en 1986, porque “muestra la vida marginal dentro de una institución que muestra el aislamiento y la convivencia de los enfermos mentales”.

 

 

El cine extranjero también expuso la temática de la cárcel: Expreso de medianoche, que narra cómo hizo Billy Hayes para escaparse de una cárcel en Turquía, es una de las más conocidas. “Si mirás esa película y la comparás con estas series”, razona Beriro, “hay mucho en común”. Entre otros filmes que han marcado la historia están Atrapado sin salida, Doce monos, Milagros inesperados, La Roca, o Sueños de libertad”. “Son trabajos que tienen altas posibilidades de llevarse buenas críticas tanto del público como de la crítica”, resume. Sobre las series, hay dos que no se produjeron al mismo tiempo pero son referencia de toda esta cuestión: Orange Is the New Black y Prison Break”.

“El encierro, el aislamiento, la reclusión, son temas desconocidos, ámbitos lejanos para quienes consumen los contenidos televisivos o cinematográficos filmados en esos entornos; todo lo que pasa con cada personaje allí adentro llama la atención porque son escenas que tienen lugar en escenarios lejanos a los que la audiencia acostumbra, como la casa propia o un espacio de trabajo”, resume Beriro y concluye: “Es un mundo ajeno y por eso atrae tanto, al punto de encontrarlo divertido o seductor; cuanta más distancia se tenga de lo que aparece en pantalla, más tendencia a querer consumirlo hay en el espectador”.

 

 

 

 

 

 

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