Guerrilla Girls: por el lugar de las mujeres en el arte

Por Mag García Felice

Plinio el Viejo cuenta en su Historia Natural (77 d.C.) una antigua leyenda en la que se le atribuye a una mujer la invención de la pintura. Según él, fue la hija de un alfarero quien trazó sobre un muro el contorno de la sombra del rostro de su amado cuando éste partía hacia tierras lejanas, ideando así este arte. Esta historia resulta irónica vista en retrospectiva varios siglos después. Pues, desde que la pintura comenzó a considerarse un arte hasta la actualidad, la participación de la mujer ha sido reducida y opacada por las sombras de los hombres. Fueron las Guerrilla Girls quienes 1900 años después de la Historia Natural lograron manifestarse en contra del machismo imperante en el mercado del arte. Este grupo activista nació en Nueva York en 1985 y, al igual que la desigualdad de género que lo llevó a la lucha, se mantiene vigente. En la actualidad expone en Londres sus trabajos y las respuestas a cuestionarios realizados a más de 300 directores de instituciones culturales, sobre sus políticas de selección y exhibición.

Durante el siglo XV se produjo en Italia un cambio en la valoración social del arte: los artistas comenzaron a reivindicar a la pintura, la escultura y la arquitectura como artes liberales. En ese entonces, la formación de los artistas requería conocimientos de geometría, aritmética y anatomía, pero estas disciplinas no se incluían en la formación de las mujeres. Ellas podían acceder a la profesión, pero únicamente bajo el velo protector de un marido o padre artista, manteniendo absoluta dependencia del varón.

La Ilustración amplió poco a poco el campo profesional de las mujeres, especialmente en la enseñanza. Las clases más altas consideraban necesario un cierto conocimiento de dibujo, pintura y música en la educación de las niñas, lo que generaba una mayor demanda de profesoras.

Así, entonces, muchas artistas se convirtieron en maestras de estas disciplinas, pero continuaron siendo excluidas de las Academias y concursos, pues a pesar de la gran cantidad de desnudos femeninos que datan de esta época, la copia del natural y el dibujo del cuerpo humano desnudo estaban completamente vedados a las mujeres artistas. Por tanto, las pintoras no podían perfeccionar su técnica y reducían su trabajo a retratos y naturalezas muertas.

No fue hasta el siglo XX que, con la reivindicación de los derechos sociales, laborales y económicos de las mujeres y el abandono del modelo femenino victoriano, la idea de mujer artista acabó de afirmarse en las sociedades occidentales.

Las mujeres comenzaron a abrirse paso y a formar parte de vanguardias artísticas. Las limitaciones que habían sufrido a lo largo de toda la historia  parecían haberse superado: tenían acceso libre a las escuelas de pintura, podían copiar desnudos y participar en exposiciones y concursos. Sin embargo, no habían logrado tomar el control. La figura masculina aún predominaba. Las escuelas eran gestionadas por hombres, los críticos reconocidos eran hombres, así como los jurados de los concursos.

El tiempo siguió pasando y la historia continuó repitiéndose hasta 1985. Ese año, el MOMA (Museum of Modern Art) de Nueva York presentó una exposición de arte contemporáneo titulada  An International Survey of Painting and Sculpture. De los 169 artistas que participaron en ella, sólo 13 eran mujeres. Delante del museo se manifestaba un extraño grupo contra esta desigualdad: eran mujeres, llevaban máscaras de gorilas y se hacían llamar Guerrilla Girls. Compartían un sentimiento de frustración al comprobar que a finales de siglo las diferencias entre los géneros persistían y las mujeres artistas continuaban sin tener un verdadero reconocimiento.

Sus nombres se desconocían, así como sus rostros, pero se sabía que el grupo era constituido por mujeres de diferentes edades y procedencias étnicas; no sólo artistas (pintoras, escritoras, directoras de cine), sino también curadoras de exposiciones e historiadoras del arte. Se ocultaban tras máscaras de simios inspiradas en King Kong, parodiando el símbolo de dominio masculino y rindiendo homenaje a Marlene Dietrich y su venus rubia, que había provocado pánico entre los espectadores en los años treinta.

En sus intervenciones públicas utilizaban como pseudónimo nombres de artistas fallecidas como Frida Kahlo, Eva Hesse o Lee Krasner, reivindicando así los logros que aquellas habían conseguido. Eran feministas y su modus operandi consistía en mostrar al público la discriminación que vivían las mujeres artistas, acusando directamente a las instituciones que la mantenían y promovían.  Sus mensajes cargados de ironía, sus declaraciones provocadoras y el misterio que rodeaba su identidad, contribuyeron a atraer la atención y despertar interés hacia el grupo.

Crearon carteles, anuncios para medios de transporte y desplegables para revistas. Buscaban llegar a todas partes y utilizaron las técnicas que tenían a su alcance para lograrlo. En 1989, colocaron frente al frente al Metropolitan Museum de Nueva York un cartel que decía: “¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el Met Museum? Menos del 5% de los artistas en las secciones de arte moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos”. La frase estaba acompañada por una reproducción de La gran odalisca de Ingres, un desnudo femenino con el que las Guerrilla Girls criticaban el estereotipo de la mujer como objeto de deseo. El rostro de la mujer estaba oculto, como el de ellas, por una máscara de gorila.

Guerrilla Girls heather
Las Guerrilla Girls cuestionan la cantidad de mujeres artistas que entran a los museos mientras que sus paredes están llenas de desnudos femeninos

Sus protestas también se centraron en la discriminación racial, y se implicaron en otros temas como el aborto, la violación, la pobreza o la guerra del Golfo. Escribieron dos libros, dieron conferencias en museos y escuelas de todo el mundo, enviaron cartas de denuncia y crearon premios ficticios que revelaban los mecanismos del mercado del arte. Su propuesta fue difundida por todo el mundo e imitada por otras artistas que también se hacían llamar Guerrilla Girls.

Actualmente, el grupo realiza una muestra en la Whitechapel Gallery de Londres en la que expone, entre otras cosas, las respuestas a un cuestionario enviado a 383 directores de instituciones culturales europeas acerca de sus políticas de selección y exhibición de arte. Del total de encuestados, 282 se negaron a responder. Los 101 que sí lo hicieron fueron contradictorios con lo que se veía en sus galerías respecto a la diversidad de género y origen étnico de los artistas.

Guerrilla Girls no funciona como en sus comienzos, sino que se encuentra disgregado, pero aún continúa luchando por la igualdad de género en el arte y la presencia de las mujeres en los museos, las galerías,  y, especialmente, en la historia. Pues, aunque en teoría los derechos equiparen a hombres y mujeres, la realidad demuestra que esto no es totalmente cierto.

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