FILBA: 10 años de literatura y mucho más

Por Noelia Rios y Candela Román

El Festival internacional de la literatura de Buenos Aires (FILBA) celebró su décima edición desde el miércoles 10/10 hasta el domingo 14/10, bajo el lema La fiesta. Actividades, performances y fiestas (no) literarias recorrieron las distintas sedes.

Con la intención de promover la literatura en todas sus formas y entre todo tipo de lectores, el FILBA es una fundación sin fines de lucro que tiene cuatro tipos de festivales:  Internacional (se realiza todos los años en Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile), Nacional (se desplaza por toda la Argentina con la intención de que las mejores producciones literarias nacionales lleguen a cada punto del país), Filbita (se realiza en Buenos Aires y en Montevideo con el objetivo de llegar a los más chicos y a sus familias) y FILBA Escuelas (se realiza un programa de capacitación durante todo el año), todos realizados en distintas fechas, pero con el mismo objetivo: acercarse a la literatura y sus creadores.

La semilla del FILBA brotó cuando Soledad Constantini, responsable del MALBA Literatura se reunió en el 2008 con el presidente de la fundación, Pablo Braun, y armaron una primera versión para dos años después arrancar con todo bajo el nombre de Fundación FILBA. Desde aquella primera versión hasta este décima edición, autores de diferentes partes del mundo llegaron al país para presentar sus libros y hablar sobre su oficio.

En el origen el primer homenajeado fue Roberto Bolaño y el FILBA demostró su magnitud con el filósofo italiano Gianni Vattimo a cargo de la conferencia inaugural y la participación de más de 30 autores internacionales y 50 argentinos. Otro de los invitados al festival fue el autor británico Irvine Welsh en 2016, quien reincidió este año para la celebración. Además del británico, también llegaron autores y poetas como Anne Carson de Canadá, Fikry El Azzouzi de Bélgica, Simonetta Agnello Hornby de Italia y la cantante Julieta Venegas, entre otros.

A medida que pasaron los años del festival, tanto sus invitados como sus sedes empezaron a crecer. En 2008, las actividades se realizaban solamente en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), pero con los años se agregaron la librería Eterna Cadencia, el Museo de la Lengua, el Centro Cultural La Abadía y la fundación OSDE, entre otros, pero con la particularidad de que el MALBA siempre es la sede central. Este año se sumó la plaza República del Perú, al lado del Museo, con una feria de editoriales al aire libre, una biblioteca abierta y un programa especial de lecturas y recitales para cerrar la fiesta literaria en su décima edición.

El 60 por ciento de estas actividades son financiadas por donaciones o por el propio bolsillo del presidente de la fundación, Pablo Braun porque, como él mismo dijo: “Queremos depender cada vez menos del Estado”. P ara las visitas del FILBA Internacional cuentan con la ayuda de embajadas, editoriales y universidades.

Un festival de tal  magnitud siempre tiene personas atrás que se esfuerzan por mejorarlo. Con motivo de los diez años, algunos de ellos compartieron sus anécdotas.

Gabriela Adamo (directora):

“Un festival así está lleno de emociones especiales: público entusiasta, lectores que consiguen por fin el autógrafo de un autor que admiran, amistades entre escritores invitados que luego duran años y llevan proyectos nuevos, la alegría de los participantes. Un año, se enamoraron una de las chicas del equipo y un autor invitado; hoy están casados y tienen un hijo. O sea, creo que quiero decir que la parte más humana y personal es la que me emociona. No los grandes logros ni los grandes números, sino la posibilidad real de generar contacto y abrir conversaciones genuinas.”

gabriela adamo

Diego Erlan (autor invitado del primer FILBA):

“Pasaron muchos años y la memoria no ayuda. Pero me acuerdo mucho de la conferencia de Mario Bellatin sobre la Escuela Dinámica de Escritores y esa manera de cruzar la literatura y el arte y la manera en que una disciplina puede influenciar a la otra y hacerla explotar. Creo, si no recuerdo mal y si no fue en otra edición, que la última cena fue en el Club Eros, donde hablamos mucho también con Bellatin sobre su idea de la Escuela. Siempre imaginé ese espacio como una especie de retiro espiritual delirante y creo que una experiencia de ese estilo te abre la cabeza para poder escribir literatura. Por entonces todavía no había publicado ninguna novela pero ya estaba en proceso de escritura El amor nos destrozará, a la que escribí en una especie de trance bajo el influjo de la música de Joy Division. En aquel festival de 2008 también conocí a Juan Villoro, quien me sorprendió al decirme que leía mis columnas en la revista y pude asistir a la performance poética de Lemebel: casi un rito espiritista sin desperdicio.”

diego erlan

Soledad Vallejos (moderadora):

“Al primer FILBA que fui fue el Nacional en Azul, hace 4 años o algo así y ahí descubrí lo importante que era una iniciativa en un lugar fuera Buenos Aires. En Buenos Aires tenemos una oferta cultural muy grande y por ahí cosas que no notamos de lo grosso que puede ser un evento o de lo fuerte que puede impactar el laburo de un equipo en torno de algo como la literatura. Azul es una ciudad no muy grande, pero antes de llegar ahí el equipo del FILBA había trabajado muy fuertemente junto con gente del lugar como la biblioteca, con libreros, con autores del lugar y eso se notaba cuando llegabas ahí porque realmente era un acontecimiento importante para la ciudad. Yo inicialmente iba a ir como público porque quería ver cómo funcionaba y, en el medio de todo eso, terminé coordinando mesas y tuve la suerte de coordinar también la que estaba Hebe Uhart, en una bibliotecas lindísima de Azul. Ahí lo que se veía era cómo la literatura era algo vivo, cómo el mismo lugar había generado cosas en la ciudad y lo recuerdo como algo muy cercano, muy real. En ese sentido, no me lo había esperado. Lo que me quedó muy fuerte fue el clima el de la ciudad re compenetrada con este acontecimiento y esperando el otro y no como algo externo sino algo propio también, ellos habían laburado mucho. Hubo un asado que lo hizo Pablo Braun en un lugar donde además se estaban llevando las donaciones de libros y todo eso era algo vivo y muy cálido para mí. El FILBA es eso: es algo que genera estos lazos entre autores y sus lectores, gente que lee por ahí trabaja en torno de la literatura, gente que escribe y hace de todo un poco, y acerca nuevos públicos todo el tiempo.”

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Filba

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