“Me acuerdo”, un formato que nunca muere

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Por Valentina Quinteros

“Un libro digno de ser copiado”, dijo Georges Perec, escritor francés, en 1978 cuando lanzó el libro “Je me souviens: Les choses communes I”. Tal como mencionaba en sus palabras, Georges “copió” este libro del autor estadounidense Joe Brainard, quién había lanzado “Me acuerdo” ocho años antes, en 1970. El europeo decidió homenajear la obra de Brainard al escribir un libro autobiográfico con la misma estructura que él: fragmentos breves de sus vidas plasmadas en forma de recuerdos. Cincuenta años después, el escritor argentino Martín Kohan, lanzó su propia versión de “Me acuerdo” y inició su obra con la frase: “un libro digno de ser copiado”.

Joe Brainard fue más conocido por su faceta de artista visual, pero su obra literaria se volvió trascendental con el paso de los años. Tanto así que a fines de marzo de este año –cuando la cuarentena aún era una palabra poco común en nuestro vocabulario- Kohan publicó su propio tributo a Brainard.

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“¿La memoria es transferible? ¿Lo que recuerda una persona puede ser análogo al recuerdo de una generación?”, esa es la frase que puede leerse en la contratapa de “Me acuerdo” de Kohan. Cien páginas repletas de memorias, anécdotas y situaciones cotidianas que, increíblemente, son comunes en los recuerdos de muchos. Este libro es un retrato de la infancia y adolescencia del autor, pero a su vez es la llave de ese candado cerrado en la memoria de muchos, sobre los recuerdos más cotidianos y especiales.

Kohan apeló a su lado más personal para escribir un libro con el que cualquiera se puede sentir identificado. A medida que la lectura avanza, el lector no solo se sumerge en los recuerdos del autor, sino que también escarba en los propios hasta sacar a la luz escenas olvidadas –quizá por lo simples- del pasado.

Al igual que Brainard y Perec, el ya reconocido autor argentino, hizo uso de su propia vida para invitar a sus lectores a indagar en la propia. Y tal vez, como lo dijo el mismo Perec, invitarlos a que se copien de este formato y apuesten a escribir sus recuerdos más simples. Ya que es en lo simple donde se encuentra el refugio.

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La fecha de lanzamiento de este libro, que salió bajo el sello independiente Godot, coincidió con la declaración de la cuarentena obligatoria en todo el país. Pero a su vez, logró encontrar su lugar dentro de la industria editorial en un momento muy oportuno: el encierro. El tiempo en casa, donde todo fluye de manera monótona y sin alteraciones, hizo que las pequeñas cosas rutinarias de la vida normal se perdieran y se transformaran en un simple recuerdo. Es entonces donde el libro de Kohan aparece casi como vaso de agua en el desierto y permite al lector volver a sumergirse en las cotidianeidades más simples, cuando el mundo de afuera perdió la belleza de la sencillez.

Profesor en la Universidad de Buenos Aires y escritor todoterreno –publicó ensayos, novelas y libros de cuentos-, Kohan apostó esta vez a un estilo tan distinto a sus otros libros como clásico en el mundo de la literatura. Un formato atemporal que se adapta a cualquier época y que personas de cualquier edad podría imitar.

 

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