‘Endgame’ no deja espacio para otro cine

Por Gastón Cuneo

En su primer día, Avengers: Endgame vendió más de 300 mil entradas en las salas de cine argentinas y se quedó con el 95% del público. Pero además de haber alcanzado esos récords, también logró el mayor número de copias para una película: en su semana de estreno ocupó 762 pantallas de las poco menos de mil salas en actividad que existen en el país. O sea, más del 75% . La expectativa por verla se extendió por once años, cuando se estrenó Iron Man, la película que inauguró el Universo Cinematográfico de Marvel. En menos de dos semanas se convirtió en la segunda película más taquillera de la historia a nivel global y va camino a barrer del podio a Avatar, de James Cameron, que figura primera desde 2010. Y hasta eliminó a otra película del mismo director estrenada en 1997: Titanic. Ni siquiera sus tres horas de duración, que en un principio podrían jugarle en contra, impidieron que arrase en el mercado cinematográfico mundial.

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“Una vergüenza que sea legal que una sola película ocupe el 75% de las pantallas argentinas”, tuiteó el director de cine Martín Turnes (@martinturnes). Las cadenas de cines eligen apostar por los tanques extranjeros y cada vez que se estrena una apuesta como Avengers la brecha de la concentración se ensancha aún más.

La primera de las cuatro películas que reúnen a los superhéroes del universo cinematográfico de Marvel es de 2012; en aquel año, The Avengers llegó a 236 pantallas. Su secuela, La era de Ultrón, se vio en 389. Y el año pasado, Infinity War estuvo en 579.

El Colectivo de Cineastas mostró el avance de la concentración de las películas extranjeras.

El éxito de Endgame es tal que veinticinco días antes del estreno, cuando salieron a la venta las entradas, Disney fijó sus propias reglas con impunidad: para verla durante el primer fin de semana, se restringieron promociones de 2×1 de cualquier tipo: al ser más alto el valor promedio de la entrada, el piso de recaudación que alcanzara terminado el primer fin de semana sería mayor; y así iría descartando poco a poco a sus competidores en el ranking de las películas más taquilleras.

El Colectivo de Cineastas (@colectivocine en Twitter) se pronunció en contra de esta concentración y promovió el uso de hashtag #defiendocineargentino. Las respuestas argumentan oferta y demanda: “Dejate de joder. Se da en todas las salas porque la gente quiere ver eso. Si se diera en alguna sala sin que la gente la vea no se daría más. Cómo el resto de las películas”, escribió el usuario @Diloxipa y su tweet alcanzó los 627 me gusta. Quizás, lo positivo para la industria nacional de la masividad de Avengers es el sistema de financiamiento del INCAA: el 10% del precio de cada entrada vendida (para cualquier película, tanto nacional como extranjera) está destinado al instituto. Es decir, se retroalimenta. Los fondos para mantener la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) también salen del mismo 10%.

Pero hay una ley que está vigente en el país y no se cumple: la 17.741, ejecutada en pos de fomentar y favorecer a la cinematografía nacional. Uno de los ítems de esa ley es el de la cuota de pantalla, que obliga a todas las salas de cine del país a pasar -por lo menos- una película nacional cada tres meses. Las salas no comerciales y los espacios INCAA están eximidos de cumplirla. Cuando se escucha a algún actor o director pidiéndole encarecidamente al público que vaya al cine el primer fin de semana, esa súplica tiene una explicación: otro de los puntos de esa ley es la media de continuidad, que es la cantidad mínima de espectadores que una película debe obtener para quedarse una semana más en la misma sala. Los días que se computan, y aquí el porqué, son de jueves a domingo. Y los lunes entra en escena ese momento crítico en el que se define (o no) la permanencia de una película en salas. “Último día para ver LAS VEGAS en muchos cines. En uno de ellos había cumplido la media de continuidad pero sale igual, porque el exhibidor obliga a renunciar a ese derecho como condición para programarla”, escribió hace un año Juan Villegas, director de cine, cuando su película todavía estaba en cartel.

El jueves 9 -dos semanas después de Endgame– se estrenó Muere Monstruo Muere, película de Alejandro Fadel vista el año pasado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y que estuvo nominada en la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata. El director explora un género poco habitual en el país: el terror. Cuatro años de trabajo se invirtieron para gestar esta ambiciosa película y conseguir la financiación que requería. Se trata de una coproducción con Francia, con participación chilena y apoyo alemán y holandés, ademas de la Secretaría de Cultura de Mendoza, ciudad en la que se rodó la película, de donde Fadel es oriundo. En medio de la polarización con Avengers, ningún multicine en la Capital Federal asignó alguna de sus salas para que Muere Monstruo Muere pudiera ser proyectada. Solo consiguió dos: el cine Cosmos -que depende de la Universidad de Buenos Aires- y el espacio INCAA Gaumont. Y como si fuera poco, ese mismo jueves aterrizó otro tanque: Detective Pikachu. 293 salas en todo el país para la película del bichito amarillo de Pokemon, que al día de hoy contabiliza 126.258 espectadores; contra dieciséis para la de Fadel, que llevó solamente 2.074 personas. En un artículo escrito en el sitio otroscines.com -dirigido por el periodista y crítico de cine Diego Batlle-, el director explicó los pormenores de hacer cine en la Argentina. “Hacer un cine que no necesariamente encuentre su legitimación en el mercado fue en la Argentina una política de Estado que permitió el surgimiento de un sinnúmero de voces, muchas de las cuales crearon, local e internacionalmente, un mercado que antes no existía. Fue la política que permitió que Muere Monstruo Muere exista. En este país hay una tarea enorme que proteger y defender para que el monstruo muera y el cine viva”, expresó en el texto.

El elenco de Muere Monstruo Muere, en la alfombra roja del Festival de Cannes
El elenco de Muere Monstruo Muere en la alfombra roja del Festival de Cannes

El principal problema que trajo Avengers: Endgame no es la cantidad de gente, sino la falta de recorte, que se opone a la libertad de elección: ¿afectaría a gran escala que en lugar de 800 salas hayan sido 600, o 500, las que proyecten la película? Esas doscientas o trescientas salas restantes dejarían el espacio necesario para que aparezca otro tipo de cine, no sólo argentino sino también mundial, que apueste por la diversidad antes que por la concentración.

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