Edgardo Giménez: “El pop no se quiere ir”

edgardo-gimenez
Por Sofía Montaña y Evelyn Maroli / Fotos: Cecilia Salas

El dibujo y las artes visuales lo conquistaron desde pequeño, pero fundamentalmente se deslumbraba con Disney, se enloquecía de felicidad. Es autor de los famosos afiches del Teatro San Martín en los ’80, fue figura del Instituto Di Tella y creador de objetos de diseño que se adelantaban a su tiempo. Egdardo Giménez es un artista autodidacta que vive el día a día acompañado por el humor e inspirándose para sus proyectos con las cosas que más lo divierten.

Aunque desde chico no sabía que de grande sería un artista reconocido, sí tenía en claro que el arte lo apasionaba. “Te ayuda a vivir, te da alegría, el arte es bienestar. La cultura te abre la cabeza y hace que la percepción sea mayor de lo habitual”, explica.

Las revistas de historietas nacionales como Patoruzito, con personajes locales, sátiras, eran sus favoritas. Todo esa curiosidad nació en Santo Tomé, su pueblo natal en Santa Fe. Él pensaba que la gente grande sabía hacer todo lo que él no. “Un día yo estaba dibujando algo y no me salía bien como yo quería, era perfeccionista desde chico, entonces llamé a mi madre y ella me hizo un desastre”, ejemplifica Giménez, y agrega: “Fue interesante darme cuenta que ella, siendo más grande que yo, no lo sabía hacer, porque me ponía en una condición de privilegio”.

Se mudó a los 8 años a Buenos Aires , la ciudad con un gran abanico de posibilidades, según la recuerda. Un año después, con el permiso de su madre, abandonó la escuela porque le aburría mucho ir a clase. Hizo su primer trabajo artístico, una vidriera con insecticida para una ferretería de su barrio. “Hice eso y gusté. La verdad es que me gustaba gustar”, confiesa. Tiempo después, corrió de nuevo al colegio cuando tomo conciencia de que debía terminar sus estudios para no ser “un barrendero”.

autorretrato-edgardo-en-la-jungla-1966-oleo-sobre-madera
Autorretrato, Edgardo en la jungla. Una de sus pinturas de 1966.

Recuerda viejas épocas, cuando su camino en el arte recién comenzaba. Tuvo la suerte de conocer a gente muy interesante del ambiente artístico, como Antonio Seguí y, su mujer, Graciela Martínez, una bailarina pionera de la danza moderna. Todo eso empezó a trabajar en su cabeza, fueron formadores de gustos. En esa época él hacía publicidad y recuerda que el disparador de sus siguientes trabajos fue un afiche que hizo para Metamorfosis de doña Felicitas Naon, una muestra de Seguí en la galería Lirolay.

-¿Por qué fue un disparador?

– El afiche de esa exposición, en el año 62, tuvo mucho éxito, eso fue como la punta de todo. Después de eso comencé a hacer gran cantidad de afiches para otras muestras, y de la década del ’60 tengo aproximadamente 170 posters, algunos están en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

La buena percepción del público sobre sus trabajos era el incentivo fundamental para seguir creando. Se llevó una gran sorpresa en los ‘80. Asumió como director de arte de la revista del Teatro San Martín y de las comunicaciones de la actividad teatral. Querían hacer una gráfica que tuviera que ver con toda la actividad del teatro, entonces surgieron los famosos afiches dentro de tubos. Había personas que no veían las piezas teatrales, iban exclusivamente a comprar los afiches y se iban. ”Fue extraordinario. Yo pensé que no iba a pasar nada pero se vendieron 570.000 ejemplares en un solo punto de venta durante 3 años. Una barbaridad”, cuenta con una sonrisa en su rostro.

Ese furor le sirvió para darse cuenta de que la gente no era indiferentea sus trabajos. Ese mismo año hizo su primera retrospectiva, en el Museo de Arte Moderno. Allí pudo examinar personalmente lo que ocurría, de qué manera lo que él hacía tenía convocatoria. La gente iba especialmente para comprar afiches. Esa misma muestra tenía una promoción en la vía pública. Se suponía que era muy sofisticada y dirigida a un público ya preparado para aceptarlo. Pero no era así, eso era un prejuicio. Cuenta que fueron a ver la exposición siete personas de la villa 31, convocadas por aquel afiche publicitario. Opina que la gente de Barrio Norte tiene más poder adquisitivo pero eso no significa que su mentalidad esté abierta para entender las cosas. “Es un misterio quién llega a sensibilizarse con una imagen y quién no. No tiene nada que ver con la clase social”, sostiene.

-¿Cuánto hay de arte en el afichismo?

-A mí no me gusta hacer una cosa cultural y que no tenga un plus. Como todo lo que hice de comunicación para el gobierno de la ciudad, en la época de Jorge Telerman. Hice todas las pantallas con imágenes trabajadas que eran un aporte estético. No creo en eso del arte mayor y el arte menor. Todo lo que no nos deja indiferentes, es arte.

eg-ciudad
Uno de los trabajos de Giménez mientras estuvo a cargo del área de comunicación en la vía pública de la Secretaría de Cultura del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Su capacidad artística no tiene límites. También diseña, ilustra y edita libros. Lanzó su primer «libro antidepresivo», Carne valiente.

-¿Por qué «libro antidepresivo»?

-Es una recolección de todas las cosas que me divertían y gustaban. Tiene frases de gente que no está catalogada como del arte y la cultura. Pongo frases de personas mezcladas. No creo que la verdad esté en un solo lado, pienso que está en muchísimos lados, el asunto es detectarla y exhibirla. Eso hago yo con el libro.

Aprovecha las páginas para contar anécdotas de gente de la cultura y de la calle. Sostiene que el arte está en todas partes. “Si el arte no estuviera en todas partes, ¿Cómo justificas que aparezca Julieta Parra?”, pregunta.

El proceso del libro fue bastante largo porque contiene material desde su infancia hasta ahora. Está hecho no de una manera cronológica, sino que es un rompecabezas. Fue pensado de una manera especial, para que el lector logre tener una noción del autor una vez terminado el libro. Justamente, cuando se juntan los pedazos.

«No creo en eso del arte mayor y el arte menor. Todo lo que no nos deja indiferentes, es arte.»

Es un artista que está lejos de involucrar la realidad en su arte. Piensa que eso es algo que se ve todos los días, y que lo genial es la versión que cada uno hace de esa realidad. Sostiene que el arte es una herramienta fundamental que enseña a vivir y que no debe utilizarse para para mostrar el caos que ocurre en el planeta cotidianamente. Describe al arte como algo maravilloso en la medida que hace abrir los ojos, la percepción hacia otro mundo, hacia otras cosas. Esas cosas que preparan para vivir de una manera más feliz. “El arte amplía el universo. Creo en el arte que le aporta a la gente la cosa de no perder de vista la felicidad”, explica.

edgardogimenez7950
Giménez tiene un taller en la localidad de Punta Indio y trabaja allí los fines de semana.

–¿Qué pasa en la actualidad con el pop?

-Pienso que el pop ha sido un lenguaje tan importante que parece que no se quiere ir. Digo eso porque en el Museo MAR se hizo, no sé si hace dos años, un homenaje a los artistas pop nacionales. Fueron tres millones de personas, y la gente iba porque se divierte con eso, no porque sea gratis. La gente iba y al rato tenía otra cara. Sonríen, se quieren sacar fotos, es una cosa que cambia la conducta y eso es lo interesante, lo que le da vigencia a una obra, cuando esa obra tiene el poder de involucrar al visitante.

-¿Qué tiene de particular el arte pop?

-No hace falta una preparación previa para poder entenderlo, es un arte directo porque de qué sirve un arte que nadie entiende. Si las cosas tenés que explicarlas mucho entonces dedicate a escribir. Es como que yo escriba una obra o una novela y tenga que explicar qué dice la novela, es un disparate. El arte tiene que ser directo y cuánto más llega más útil es ese arte.

En la década del 60 irrumpió el pop, que fue importante porque el arte no había que buscarlo en una galería o un museo, el arte estaba en la vida. Existían la moda pop, la música pop, y demás variantes. Todo estaba impregnado de esa manera, y eso fue algo que lo maravilló.

«Creo en el arte que le aporta a la gente la cosa de no perder de vista la felicidad.»

-¿Algún referente del ambiente artístico?

-Los referentes que tengo son todo el grupo pop y también estaba Jorge de la Vega, que tenía una mirada pre-pop. Él ya estaba orientado en esa dirección y eso me interesó mucho. Después, Federico Peralta Ramos. Me gusta la gente que utiliza el humor para comunicarse porque eso no falla. Obviamente me inspiró todo el mundo de Hollywood, me divirtió porque era un mundo totalmente de delirantes, y cuando uno se va formando en un mundo tan fantasioso ninguna cosa que se te ocurre te parece que está mal. Y me gustó muchísimo el hecho de gustar porque uno no tiene la experiencia de gustar hasta que te pasa.

En sus tiempos libres, los fines de semana, aprovecha para visitar su taller, en Punta Indio. Ese es el ritual que hace todos los viernes, sábados y domingos. Es el que lugar que elige para trabajar, pensar, planificar y hacer bocetos. No se despide sin antes remarcar que el verdadero arte es el que no te deja ileso. “Hay gente que no sabe ellos que son arte. Esa gente que al estar con ellos provoca exactamente el mismo clic que una obra maestra. Esa gente es arte”, concluye.

No hay comentarios todavía

Los comentarios están cerrados

 

Una revista de TEA Arte

Seguinos

 

 

TEA Arte - Periodismo de Arte, Cultura y Espectáculos

Seguinos