Diseño gráfico: cada vez más importante pero precarizado

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Por Valentina Quinteros y Nicole Giser

“Cuando uno va al supermercado paga en el momento ¿por qué el diseño se paga ocho meses después, cuando el dinero ya no vale lo mismo?”, se pregunta Alejandro Ros, el artista gráfico que diseñó tapas de discos como Bocanada y Amor amarillo de Gustavo Cerati, o Para los árboles de Luis Alberto Spinetta, entre otras. El diseño gráfico es necesario en cualquier empresa o compañía ya que la estética es lo primero que llama la atención de cualquier cliente. Sin embargo, a veces las grandes empresas se niegan a reconocer el trabajo de los diseñadores, se atrasan con el pago o, en el peor de los casos, jamás los retribuyen. “La situación del diseño empeoró con el tiempo, cada vez hay menos trabajo y a su vez más gente que se quiere dedicar a esto, sin éxito. A veces el diseño es un lujo, en este momento de crisis es muy difícil avanzar. Es difícil trabajar para el Estado y esperar ocho meses para cobrar”, repite Ros.
El 2018 fue un año en el que la crisis económica atravesó a los sectores relacionados con el arte. Y en 2019 la situación no mejoró demasiado. En este panorama, el sector del diseño gráfico independiente se vio afectado por la precarización laboral. No es algo que surgió en los últimos dos años, sino que el rubro del diseño gráfico siempre subsistió bajo estas condiciones. “Es difícil que, siendo diseñador, no te precaricen en algún momento de tu vida, y más cuando te acabás de recibir. Es evidente que la vas a pifiar al presupuestar y va a haber alguien que se aproveche. Pillos y tramposos hay siempre; está el que te promete dos pagos y solamente te paga el primero, a mí me pasaron muchas de esas”, dice Sergio Braguinsky, el Presidente de la Unión de Diseñadores Gráficos de Buenos Aires (UDGBA).
La UDGBA se creó en 2003, como producto de las crisis de 2001 y para amparar para los artistas gráficos. “La cosa medio agitada de aquella época en ese momento generó una intuición en varios colegas de estar en contacto, de solidificar información y cosas referidas a la falta de trabajo. En nuestro caso había una asociación que estaba completamente muerta e inactiva en la ciudad, y básicamente una cosa llevó a la otra y terminamos armándonos muy de a poco en lo que hoy es la Unión. Actualmente la situación es más o menos parecida, no hay laburo y el que lo tiene nunca sabe con cuánta plata va a contar a fin de mes”, explica Braguinsky. Hoy, la UDGBA funciona como mediador entre los diseñadores, en su mayoría independientes y freelancers, y sus posibles empleadores. El objetivo es jerarquizar la profesión, demostrar su importancia en el proceso económico, comercial, cultural. “Nosotros tratamos de capacitar y asesorar a nuestros socios y a todo el que necesite sobre temas legales (como la Ley de derechos de autor) y técnicos. En todo lo que rodee a nuestra profesión queremos aportar un granito de arena y además difundir, apoyar, auspiciar cursos, concursos, movidas culturales”, dice el presidente de la Unión.
Según Braguinsky, una de las principales dificultades a la hora de pactar un trabajo es negociar el presupuesto y cuidar el derecho de autor. Muchos diseñadores, al ser nuevos en el negocio, no saben qué precauciones hay que tomar a la hora de presentar borradores, como pedir una seña o entregar los bocetos con marca de agua. “Una vez, un chico que estaba creciendo en el ambiente musical independiente, me contrató para que le diseñara la identidad virtual para sus redes. Entonces le hice el logo, banners y flyers y se los entregué en tiempo y forma. Y hasta el día de hoy sigo esperando la paga, el chico desapareció y nunca más lo pude contactar. Para este laburo tenés que avivarte, porque si no te pasan por encima”, dice Martina Aguilar, diseñadora freelance. Para estas situaciones, existe una Ley en la Argentina que protege el derecho de autor de los artistas. Es la Ley de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor (N°11.723), que defiende los derechos morales, irrenunciables e inalienables, como el de reconocimiento de autoría y el de integridad de la obra, entre otros. También, los derechos económicos, transferibles y de duración limitada , básicamente los de explotación. Es decir que ante cualquiera violación de esta ley, los diseñadores pueden denunciar ante la justicia.
Sin embargo, muchas veces la justicia no actúa y es por esto que hay tantos casos de robo dentro del rubro del diseño gráfico.

Y abundan los abusos. Un ejemplo es lo que sucedió en el LollaPalooza Argentina 2019. Los organizadores del festival lanzaron un concurso para elegir el póster oficial del evento. «El premio al ganador será un par de entradas One Day Pass General, para el Festival de Lollapalooza en Buenos Aires», prometía el concurso. “Ni Editorial Perfil S.A (empresa organizadora del concurso), ni los editores del sitio web participante, ni DF Entertainment (empresa productora del festival), en ningún caso serán responsables por ningún daño o perjuicio de cualquier tipo que pudieran sufrir los ganadores de los premios”, aseguraron las empresas que trabajaron en conjunto a Lollapalooza y organizaron la competencia. El único reconocimiento que obtenía el ganador era un par de entradas para un solo día del festival. No había remuneración económica, y la principal condición para participar del concurso era renunciar a los derechos de autor, para que la autoría del póster quedara con el nombre de LollaPalooza.
A pesar de la precarización del trabajo, existen entidades como la UDGBA y la APDGS (Asociación de Publicitarios y Diseñadores Gráficos de Salta) que apoyan a los diseñadores y los acompañan con asesoramiento legal. Y según los entrevistados, hay también algunas buenas noticias: las grandes empresas, afirman, comenzaron a entender la importancia de los diseñadores. “Por suerte, cada vez es más común que los que piden soluciones de comunicación visual entiendan que eso tiene un valor. Ya no se escucha tanto la frase de que los diseñadores hacemos dibujitos”, dice Jorge Doneiger, quien trabaja en medios de comunicación como Infobae. “Actualmente y cada vez con más frecuencia los diseñadores independientes arman equipos flexibles para abordar los requerimientos de cada proyecto. Hoy es común que se conformen equipos de acuerdo a las necesidades que se planteen, mientras hace unos veinte años era frecuente encontrar grandes estudios con estructuras de personal”, describe Doneiger el panorama actual.

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