Carlos Rottemberg: “El teatro es bueno o es malo, no importa el circuito”

Carlos Rottemberg Sep2016

Por Lola Schenone

Lleva más de cuatro décadas como productor de espectáculos y es sinónimo de teatro. Es padre de dos hijos con treinta años de diferencia, dice que la fórmula del éxito no existe, que la tele nunca fue su lugar y que si pudiera elegir haría lo mismo 41 años más.

-¿Cómo ve la situación actual del teatro?
-Acompaña la situación general por supuesto, bajó. Este año el teatro está en baja desde abril. Agosto fue el mes que terminó con más baja pero no hay que sorprenderse porque siempre ésta ha sido una actividad suntuaria, una actividad que dejó afuera a mucha gente porque el primer escollo es el precio de la entrada. Es lógico que esto ocurra en una época en la que hay que ajustarse un poco más el cinturón. Concretamente, aunque a mí no me gusta decirlo, hay una cosa que es cierta: no se puede vivir sin comer pero sí se puede vivir sin ir al teatro.

-El teatro en Buenos Aires es un fenómeno. A pesar de las crisis, siempre parece remontar. ¿Por qué?
-Fundamentalmente porque el público argentino tiene un hábito muy, muy, muy adicto. Es una adicción para un gran porcentaje de gente ir al teatro y hay muy buena madera, muy buena materia prima en relación con los actores, autores y directores. Eso trasunta los escenarios y hace que, en definitiva, cuando la gente va a ver algún espectáculo que lo llena de alguna manera porque embocó en su sentimiento, en su gusto, quiere ir más al teatro.

-La última temporada en Mar del Plata tuvo un 44% menos de venta de entradas, ¿qué espera para este verano?
-Yo la del año pasado la definí como una temporada atrasada, fue lo que le dije a la prensa cuando comenzó la temporada porque veía que arrancaba tarde y que no llegaba. Este año cuando me escuches en el verano hablando de la temporada voy a decir, como desde este momento, que es una temporada cauta. Que cada uno interprete “cauta” como lo quiera tomar.

Pasión por lo que se hace

-Si tuviera que definir su profesión, ¿qué diría que es?
-Empresario teatral hace 41 años y pico.

-¿Dónde nace esa vocación?
-Siempre quise entender por qué, cuando era muy chiquito e iba al cine infantil, elegía ver una película y no otra. O sea que en definitiva arrancó por el cine y devino en el teatro. De grande sigo queriendo entender lo mismo, por qué el público elige una cosa y no otra.

– Si tuviera que elegir una obra, un par, o un trío de obras producidas por usted que más satisfacciones le dieron, ¿cuáles elegiría?
-Esa es una pregunta que siempre me cuesta contestar pero tengo una que uso como latiguillo: Made in Lanús. Siempre uso la misma porque esta obra tuvo que ver con un éxito artístico y comercial, se dieron las dos cosas. Año 1986, la vuelta de la democracia en el 83, la temática de la obra de Nelly Fernández Tiscornia, el cuarteto que componían Luis Brandoni, Marta Bianchi, Leonor Manso y Patricio Contreras me hace decir que es una obra que puede resumir el buen promedio del teatro.

“Este año cuando me escuches en el verano hablando de la temporada voy a decir, como desde este momento, que es una temporada cauta.”

-Después de 41 años como productor, ¿encontró a la fórmula del éxito?

-No, eso no se consigue nunca. Hoy de grande sigo tratando de entender lo mismo que de chico, el gusto del público. Sé que eso no tiene solución, ni en la Argentina ni en el mundo. La mayoría de las películas, obras de teatro, libros, programas de televisión, programas de radio y CDs, fracasan. Si uno lo mira estadísticamente siempre hay más fracasos que éxitos. Pero vivimos del éxito.

-Pero en la puerta del Multiteatro están TOC TOC, No seré feliz pero tengo marido, Le Prénom

-Sí, pero yo hablo de la general de la actividad. A vos te puede tocar un año muy bueno, otro año muy malo. Sobre casi mil estrenos que tiene la Argentina, en cualquier ámbito, público, oficial o independiente, si yo le pregunto a la gente: ¿Me das por favor los títulos del teatro?, el que más te tira, te tira entre veinte y treinta títulos. Nadie supera eso y pensá que hay novecientos y pico más.

Las políticas públicas y la cultura

La presentación de la Ley del Actor dividió el medio artístico en dos. Desde la Asociación Argentina de Actores defendieron su aprobación. “La ley dignifica y reconoce el trabajo del actor como un trabajo en relación de dependencia discontinuo”, dijo su presidenta Alejandra Darín. Rottemberg escribió una columna en Clarín donde la cuestionó duramente.

-Fue muy crítico de la Ley del Actor, en abril se reglamentó parcialmente. ¿Fueron positivos los recortes que se hicieron?
-No. La Ley del Actor es una conquista que los actores necesitaban hace 70 años y de repente salió de la noche a la mañana, sin haberse estudiado lo suficiente y por eso choca con la realidad. En el teatro independiente los actores no tienen relación de dependencia, en el teatro público no tienen relación de dependencia, en los teatros comerciales cuando se forman cooperativas no tienen relación de dependencia, por lo tanto la relación de dependencia quedó ceñida a muy poquitos casos. Nadie se va a jubilar por esta ley y es un perjuicio para la producción. Cuando hablo de producción no me refiero a los productores, me refiero a la producción de más proyectos, por lo tanto se hizo mal, desde el momento en que se hizo en forma inconsulta. Además haciendo creer que habíamos participado todos, cuando nosotros nos enteramos por una cadena nacional que la ley se presentaba en el Congreso.

-Para usted, en definitiva no sirve.
-Para nada y a nadie, empezando por los actores.

-¿Qué opina sobre el cierre para la remodelación de los teatros General San Martín y Presidente Alvear?
-Me parece que no estaría mal si hubiese sido pronto y rápido. Yo soy de la época de que en mi casa no se podía pagar una entrada al teatro comercial pero teníamos grandes espectáculos en la Coronado o la Casacuberta del San Martín. Verlos tanto tiempo cerrados me da una sensación rara. Yo cerré ocho meses el teatro Blanca Podestá para construir el Multiteatro, hice cuatro salas en ocho meses, de agosto del 2000 a abril de 2001. Si lo hubiese mantenido cerrado un poco más de tiempo sería lógico, pero si uno tiene un teatro cerrado tantos años se puede decir que no quiere hacer teatro.

A 35 años de Teatro abierto y la resistencia cultural

-¿Cómo fue la experiencia de participar de Teatro Abierto?
-Guillermo Bredeston y yo alquilamos el teatro Tabarís el 1º de agosto de 1981 y a los 6 días, el 6 de agosto, vuelan el Picadero donde se hacía Teatro Abierto. Al igual que hicieron otras salas, ofrecimos el Tabarís que recién habíamos arrendado, incluso compartiendo con una revista que estaba en el horario nocturno, de Carlos A. Petit con Alberto Locati y Jorge Corona de protagonistas, y les ofrecimos el horario de las 19. Ese horario se convirtió en una respuesta contestataria maravillosa, incluso un búmeran para los que provocaron el atentado porque, de una cosa que era en el Pasaje Rauch (hoy Discépolo) donde está el Picadero, que era algo mucho más selectivo si se quiere, pasó a tener una visibilidad absoluta con largas filas sobre la avenida Corrientes, y de hecho pasaron tantos años, 35 años, y me siguen preguntando por Teatro Abierto.

A la televisión de visitante

-Produjo Almorzando con Mirtha Legrand, uno de los éxitos más grandes, si no el más grande, de la televisión. ¿Extraña la tele?
-No, para nada, porque fue fortuito. Fueron 20 años de Almorzando con Mirtha Legrand, pero fue producto de una obra de teatro. Yo producía Potiche en el verano de 1990, en el Teatro Atlas de Mar del Plata, y por la relación con Mirtha a través de una obra de teatro, dije: “¿Por qué no hacemos almuerzos?”. Pero ni antes ni después fui una persona de televisión. Me tocó acompañar y el programa fue un éxito, entonces acompañé 20 años, pero no es lo mío. Cuando hacía el programa siempre aclaraba que yo era empresario de teatro.

“Si uno tiene un teatro cerrado tantos años se puede decir que no quiere hacer teatro.”

-Carlos Rottemberg espectador, ¿qué busca cuando va al teatro?
-Teatro bueno, si hay. No me importa si es público, independiente o comercial. Hay teatro bueno y malo, como el colesterol, en todas las esferas. Entonces puedo buscar Electric Mamma en una salita que queda en Yatay 890 que me encantó, de Mónica Cabrera, y puedo encontrar una actriz que trabaja en Claveles rojos en la salita El Ojo en la calle Perón. Como también puedo encontrar un cuarteto que hace Baraka (obra protagonizada por Hugo Arana, Dario Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale) o a Jorge Suárez haciendo Manzi. Unos están en un circuito, otros están en otro. Me da lo mismo el circuito, es bueno o es malo, es más fácil.

-¿Qué proyectos tiene?
-Seguir haciendo lo mismo 41 años más. No me va a dejar la vida, pero me encantaría.

-Hace dos meses fue papá de Nicolás. Si le pudiera dar hoy un consejo de vida, ¿qué le diría?
-Esto no tiene nada que ver con el teatro. Le daría el mismo consejo que me dieron mis viejos a mí: en relación a la vida, ética, cumplir la palabra, saber que lo que más queda es la relación humana, y después le diría que se divierta.

 

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