Alicia D’Amico: la militancia en los retratos

FOTO ALICIA ELLA

Por Nicole Giser

A 19 años de la muerte de Alicia D’Amico, se vuelve imposible hablar de su legado sin mencionar su historia de lucha por los derechos humanos, la militancia feminista en sus imágenes, el registro que tomó de la intimidad o la sociedad que formó junto a Sara Facio; con quien ejecutaron una serie de retratos a los personajes más importantes de la cultura. Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares fueron algunos de los protagonistas en fotografías de la dupla que hoy –y desde hace años– circulan en postales, tapas de libros y todo tipo de catálogos.

Las dos fotógrafas, que no llegaban a los 20 años, se sentaban en el primer banco durante sus clases en la escuela de Arte Prilidiano Pueyrredón. “Hay un programa de becas de viaje. No ofrecen dinero pero ayudan a pagar el pasaje, dan facilidades para la estada y pueden comer en los restaurantes universitarios. ¿Por qué no se presentan?”, les propuso la profesora que conocía a los administrativos de la embajada de Francia y estaba fascinada con sus trabajos, según cuenta Guillermo Gasió en el libro Sara Facio: La foto como pasión. Ganaron la beca y partieron a Paris en el 55, a visitar museos, estudiar pinturas y recopilar información que después trajeron a Argentina como panorama cultural de lo que pasaba en Europa. “Cuando volvimos, al no haber postales más que de motivos como el Correo Central ni libros que mostraran el Buenos Aires contemporáneo, nos preguntamos: ¿por qué no empezamos a hacer fotos de lo que vemos hoy en Buenos Aires?”, cuenta Facio en el libro. Así fue como la dupla empezó a fotografiar a la gente, la calle Corrientes, la vida nocturna, el tango, la ciudad porteña en su estado más puro. “Decidimos mostrar en un libro con fotografías cómo era nuestra ciudad, cómo era su gente, cómo se vestían”. Publicaron el libro Buenos Aires, Buenos Aires, con textos de Cortázar, en 1968. Luis D’Amico, el padre de Alicia, era fotógrafo de comuniones y bautismos y le encantó la idea de que su hija estuviera interesada en la fotografía, ya que su otra hija lo ignoraba. Fue allí, en su estudio, que ambas aprendieron sobre luces, ampliadores, papeles fotosensibles, reveladores y filtros. En ese momento no había talleres o escuelas de fotografía en el país, tampoco grandes fuentes de información como Internet. Terminaron de formarse como profesionales en el estudio de Annemarie Heinrich, a quien luego sumaron al Consejo Argentino de Fotografía que fundaron junto a Andy Goldstein y otros fotógrafos destacados, en 1979. Ambas artistas trabajaron para la institucionalización y profesionalización de la fotografía en Argentina.

Alejandra Pizarnik por Alicia D'Amico
Alejandra Pizarnik por Alicia D’Amico

Fueron pioneras del “fotolibro” en Latinoamérica. Ensayo sobre la locura fue otro de los trabajos de la dupla con la participación de Cortázar, y consistía en una serie de imágenes tomadas a los internos del Hospital Psiquiátrico Open Door, en 1966. Con tono de denuncia social, el trabajo fotográfico exhibía la situación de mujeres, hombres y niños en espacios desoladores, casi sin ropa y tirados en el piso porque no tenían bancos donde sentarse, tampoco baños. Las artistas registraron el abandono de aquellos “cuerdos”, que debían cuidar de los enfermos. El libro fue publicado bajo el nombre Humanario días después del golpe militar de 1976. Censurado por el gobierno de Jorge Rafael Videla, recién pudo ser reeditado diez años después.

Hospital Psiquiátrico Open Door, 1966
Hospital Psiquiátrico Open Door, 1966

“El cómo somos estuvo siempre por el cómo nos ven. Al decirnos cómo nos ven, nos dicen simultáneamente cómo debemos ser. Llegó el tiempo de pensarnos y preguntarnos cómo nos vemos y cómo somos las mujeres”, decía D’Amico. Hacia el final de la dictadura militar argentina, cuando el país comenzaba a recuperar libertades, la fotógrafa inició una búsqueda sobre la identidad femenina. Exploró, a través de retratos, desnudos y un estilo más crudo, la subjetividad de lo “femenino”, el deseo lésbico, la diversidad sexual y los cuerpos. “Tenía la idea preconcebida de registrar mujeres como yo las veo, sin la cosa alambicada, sofisticada, mistificada e irreal que dan algunos medios”, expresó en el marco de un congreso feminista. “Cuando me parecía que la luz era adecuada, le pedía a cuanta mujer pasaba por ahí que me posara para una foto”. D’Amico retrataba parejas de mujeres desnudas en situaciones cotidianas pero también en performances teatrales, donde aparecían amarradas con sogas, con los ojos y las bocas obturadas, y denunciaban realidades: una sociedad patriarcal en la que las mujeres eran oprimidas, y un país lastimado por la violencia de la dictadura. En los ’80, con la vuelta de la democracia, la artista participó en la fundación de Lugar de Mujer, el primer centro cultural feminista del país; y a su vez, empezó a exhibir sus trabajos de investigación sobre la mirada femenina y a dictar talleres sobre el rol de la mujer en la fotografía.

Performance Liliana Mizrahi, 1985, por Alicia D'Amico
Performance Liliana Mizrahi, 1985, por Alicia D’Amico

D’Amico dictó el taller Mujer y violencia junto a la psicóloga Liliana Mizrahi. Ambas explicaban: “Se trata de sensibilizarnos y concientizarnos acerca del poder y la agresión en sus distintas manifestaciones”. Antes de realizar el curso, las fotógrafas ponían a prueba las temáticas que habían elegido en una serie de fotoperformances que producían en el estudio. “Estas imágenes eran preparatorias del taller. Yo actuaba y Alicia sacaba las fotos. Recuerdo que cada serie fotográfica que realizábamos con Alicia llevaba un día entero”, relató Mizrahi en una entrevista de 2016, en el marco de la retrospectiva Alicia D’Amico de la Galería Vasari. Cuando terminó la dictadura, D’Amico salió a las calles con su cámara: retrató el regreso de la democracia en “Plaza de Mayo”, a las madres reclamando por la vida de sus hijos en “La ronda de los jueves”, como también a Renée Epelbaum, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Sus fotografías fueron exhibidas en Argentina, Brasil, México, Colombia, España, Italia, Francia, Suiza, Inglaterra, Japón, Rusia, Puerto Rico, USA y Alemania. “Fotografiando perseguimos quimeras. Hasta algunas veces hemos creído ingenuamente que podríamos cambiar el mundo o por lo menos influir en él. Vano intento. Normalmente, los seres sensibles que aprecian las obras de expresión no son los mismos que rigen el mundo, salvo honrosísimas excepciones”, dijo poco antes de morir.

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